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Calefacción: la norma de 19 °C está obsoleta; los expertos ahora recomiendan otra temperatura.

Persona ajustando un termostato a 21°C en una sala de estar moderna y luminosa.

Dentro, el salón se ve acogedor, con luces de guirnalda aún colgadas desde el invierno pasado y una taza de té enfriándose sobre la mesa de centro. Sin embargo, Emma está sentada allí con un jersey de lana, envuelta en una manta, mirando fijamente el pequeño número digital del termostato: 19 °C.

Le dijeron durante años que esa era la temperatura «correcta». Médicos, campañas del gobierno, folletos de energía… el mismo número mágico, en todas partes. Así que aguanta, tirita un poco y se repite que es bueno para su salud y para sus facturas.

Pero las manos se le quedan frías, le gotea la nariz y sus hijos se quejan de que no pueden concentrarse con los deberes. Los famosos 19 °C de repente se sienten menos como una norma y más como una superstición antigua. ¿Y si ese número ya no tiene sentido?

La silenciosa muerte de la norma de los 19 °C

Durante décadas, los 19 °C se vendieron como el estándar de oro para la calefacción doméstica en Europa y el Reino Unido. Una línea en la arena entre el confort y el derroche. Las antiguas guías de salud pública incluso lo presentaban como la temperatura interior «saludable» en invierno, una especie de cinco al día térmico.

Pero el mundo ha cambiado. Las viviendas son distintas, los estilos de vida han evolucionado y los extremos climáticos golpean con más fuerza cada año. Una regla fija hecha para los años setenta no encaja del todo en un salón de 2024 con portátiles, ventanales y teletrabajo.

Los expertos empiezan a decirlo en voz alta: la norma de los 19 °C está desfasada. No es que sea errónea en todos los casos, pero sí demasiado rígida. Demasiado «talla única» para cuerpos, edades y casas que son radicalmente diferentes.

Mira lo que pasó durante la reciente crisis energética. Millones intentaron mantenerse valientemente en 18–19 °C en nombre del «ahorro de energía». ¿El resultado? Más informes de moho, más quejas de dolor articular y más gente sintiéndose constantemente cansada y helada en casa.

Una encuesta en el Reino Unido realizada por organizaciones benéficas contra la pobreza energética encontró familias manteniendo los salones a 17–18 °C durante semanas. Los padres decían que estaban «siguiendo las recomendaciones» mientras sus hijos hacían los deberes con los dedos fríos y entumecidos. El confort fue lo primero en resentirse, y después la salud empezó a ir detrás.

Los médicos observaron un aumento de problemas respiratorios, especialmente entre las personas mayores y quienes padecen enfermedades crónicas. Ya no se trataba solo del número del termostato. Se trataba de cuánto tiempo estaban los cuerpos expuestos a temperaturas al límite, día tras día.

Entonces, ¿cuál es el nuevo número «correcto»? Muchos expertos en confort térmico hablan ahora menos de una cifra única y más de un rango seguro. Aun así, empieza a formarse un consenso. Para la mayoría de adultos sanos, la temperatura interior recomendada se ha desplazado hacia 20–21 °C en las estancias de estar, algo más alta si eres mayor, muy pequeño o estás enfermo.

Puede sonar como un cambio minúsculo, solo 1 o 2 °C por encima de los antiguos 19. Pero nuestro cuerpo nota esa diferencia como la noche y el día. En torno a 21 °C, los músculos se relajan, los dedos se mantienen ágiles, aumenta la concentración y el riesgo de humedad y condensación cae de forma notable.

Algunas guías escandinavas incluso sugieren 21–23 °C para hogares con bebés o adultos mayores. La nueva idea es sencilla: una casa moderna «saludable» no es aquella en la que pasas el día apretando los dientes con un jersey. Es aquella en la que tu cuerpo no tiene que luchar contra el frío sin parar.

Cómo apuntar a la nueva zona de confort sin que se dispare la factura

Los especialistas en calefacción hablan ahora de una franja objetivo: aproximadamente 20–21 °C en las zonas de estar durante el día, 18–19 °C en los dormitorios por la noche, y un poco más para personas vulnerables. La clave no es poner la caldera a tope, sino suavizar esos sube y baja a lo largo del día.

Un método práctico que recomiendan muchos especialistas es este: elige una temperatura «base» por debajo de la cual nunca bajas (por ejemplo 18,5–19 °C) y deja que tu salón principal suba a 20–21 °C cuando realmente estés allí. Eso significa evitar cambios bruscos de 15 °C por la mañana a 23 °C por la tarde.

Tu caldera trabaja menos, tus paredes se mantienen más secas y tu cuerpo deja de hacer una mini terapia de choque cada vez que te mueves entre habitaciones. No es glamuroso, pero funciona.

Aquí es donde los termostatos inteligentes y los hábitos de toda la vida se encuentran. Los termostatos programables pueden subir un poco la temperatura justo antes de que te despiertes o llegues a casa, y bajarla ligeramente cuando estás fuera o bajo el edredón. No necesitas una casa de ciencia ficción; incluso temporizadores básicos pueden evitar el temido salón helado a las 18:00.

A nivel humano, el mayor error es intentar «ser un héroe» y sentarse a 17–18 °C todo el invierno porque un folleto lo dijo una vez. La gente aguanta dolores de cabeza, hombros tensos y ese cansancio pesado que viene del frío leve pero constante. Lo llaman disciplina. En realidad, es solo incomodidad.

En un plano más emocional, todos hemos tenido ese momento en el que dudamos delante del termostato, sintiéndonos culpables por tocarlo. Los precios de la energía están altos, la ansiedad climática es real y el viejo mantra de los 19 °C sigue zumbando al fondo de la cabeza. No eres débil ni derrochador por preferir 20–21 °C en tu salón.

Seamos sinceros: nadie hace de verdad esto todos los días. Nadie mide cada habitación, controla la humedad, se viste «de forma óptima» por capas y limpia los radiadores con un calendario perfecto. La vida es caótica. La gente llega a casa cansada, los niños dejan puertas abiertas, a las visitas se les hiela el cuerpo con facilidad. Tus hábitos de calefacción tienen que funcionar en medio de ese caos, o simplemente no se mantendrán.

Un consultor energético con el que hablé lo resumió sin rodeos:

«Hemos asustado a la gente haciéndole pensar que el confort es un lujo. No lo es. El objetivo real es un calor seguro con la menor energía con la que puedas vivir de forma realista, no congelarte en tu propia casa por culpa de un mito».

El nuevo consejo sobre temperatura tiene menos que ver con un número mágico y más con escuchar a tu cuerpo y vigilar unas cuantas señales sencillas en casa. Si ves condensación en las ventanas casi todas las mañanas, manchas negras de moho en las esquinas o a todo el mundo buscando mantas extra a las 16:00, tu «norma» no te está funcionando.

Aquí tienes algunos marcadores rápidos que los expertos usan ahora como comprobación de realidad:

  • Zonas de estar: apunta a unos 20–21 °C cuando haya gente, y no por debajo de 18 °C durante periodos largos.
  • Dormitorios: 18–19 °C para la mayoría de adultos, un poco más cálido para bebés y personas mayores.
  • Humedad: intenta mantener la humedad relativa interior aproximadamente entre el 40–60 %.

Una nueva forma de pensar el calor en casa

El fin de la norma de los 19 °C no es luz verde para calentar sin límites. Es más bien una invitación a renegociar tu contrato personal de confort. En lugar de seguir un único número de los años setenta, empiezas a preguntarte: ¿cómo se siente mi cuerpo a 20 °C? ¿Cómo se comporta mi casa a 18 °C durante semanas?

Algunas personas vivirán felices a 19 °C en un piso bien aislado y se sentirán estupendamente. Otras, en una casa vieja con corrientes, necesitarán 21 °C solo para sentirse medianamente humanas. Eso no es debilidad: es física y biología trabajando juntas. La nueva línea experta es menos moral y más práctica: protege primero la salud y después recorta energía donde puedas.

También cambia cómo hablamos entre nosotros sobre la calefacción. En lugar de juzgar al vecino que prefiere 22 °C, empezamos a preguntar por el aislamiento, la humedad, la edad, la salud y cuánto tiempo pasan en casa. Una persona jubilada, sentada sin moverse durante diez horas, necesita un mundo térmico diferente al de alguien de 25 años que está fuera casi todo el día.

Punto clave Detalle Beneficio para el lector
19 °C ya no es una norma universal Los expertos recomiendan ahora un rango, normalmente en torno a 20–21 °C para las zonas de estar Da permiso para ajustar sin culpa
Prioriza la salud y la humedad Vigila el moho, la condensación y el frío constante como señales de alerta Ayuda a prevenir problemas respiratorios y de confort a largo plazo
Usa una estrategia de «base + confort» Mantén una temperatura mínima y luego súbela suavemente cuando se usen las habitaciones Equilibra el ahorro energético con el confort real del día a día

Preguntas frecuentes:

  • ¿Es peligroso para mi salud tener 19 °C? Para muchos adultos sanos, 19 °C no es peligroso a corto plazo, sobre todo si estás activo y bien abrigado. Los problemas aparecen cuando las casas se mantienen en ese nivel o por debajo durante largos periodos, especialmente con humedad. Las personas mayores, los bebés y quienes tienen enfermedades crónicas suelen necesitar habitaciones más cálidas.
  • ¿Qué temperatura recomiendan ahora los expertos para los salones? La mayoría de guías recientes señalan alrededor de 20–21 °C para las estancias de estar cuando están ocupadas, y recomiendan no dejar que la temperatura baje de aproximadamente 18 °C durante periodos prolongados. Algunos países sugieren hasta 22–23 °C para personas mayores o más vulnerables.
  • ¿Subir el termostato 1 °C aumentará muchísimo mi factura? Los modelos energéticos suelen estimar que cada grado extra añade alrededor de un 5–10 % al coste de calefacción. El efecto real depende del aislamiento, del sistema de calefacción y del clima local. La clave es evitar grandes oscilaciones de temperatura y aislar donde puedas, en lugar de sufrir con una cifra que no se adapta a ti.
  • ¿Es más saludable dormir en un dormitorio frío? Muchos especialistas del sueño dicen que los dormitorios algo más frescos ayudan a la calidad del descanso, pero eso normalmente significa alrededor de 18–19 °C, no aire helador. Para bebés, personas mayores o quienes tengan problemas de salud, un poco más de calor puede ser más seguro y cómodo.
  • ¿Cómo sé si mi casa está demasiado fría, aunque el termostato marque 19 °C? Si ves condensación en las ventanas con frecuencia, notas corrientes, detectas moho en las esquinas o te ves llevando abrigo dentro de casa, es probable que tu temperatura real de confort sea más alta de lo que sugiere el termostato. En ese caso, los expertos aconsejarían subir ligeramente la temperatura y abordar problemas de aislamiento o humedad.

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