Fuera, el aliento se vuelve blanco; dentro, el termostato digital parpadea con su numerito pequeño y obstinado: 19 °C. Durante años, esa cifra se ha repetido como un mantra para los «buenos ciudadanos» que quieren salvar el planeta y el bolsillo. Eficiente. Razonable. Un poco frío, la verdad.
En el sofá, alguien se sube la manta un poco más. En la cocina, otra persona sube el termostato «solo diez minutos». Se suponía que la regla de los 19 °C iba a acabar con este tira y afloja silencioso. Y, sin embargo, la discusión vuelve cada invierno, en cada casa, desde pisos compartidos hasta pequeñas viviendas en las afueras.
Científicos, médicos y expertos en energía han empezado a decirlo en voz alta: ese número mágico está desactualizado. No es una estafa, pero sí una verdad a medias de otra época. La nueva temperatura recomendada puede sorprenderte.
El mito de los 19 °C se agrieta
Durante años, 19 °C ha sido la referencia de una calefacción responsable en muchos países europeos. Una especie de termostato moral que separa a los virtuosos de los derrochadores. Sobre el papel, lo cumple todo: facturas más bajas, menos emisiones, un cárdigan soportable sobre los hombros.
En la vida real, los cuerpos tiritan, las narices gotean y estallan pequeñas guerras domésticas alrededor de una ruedecita de plástico en la pared. En esa distancia entre la teoría y la sensación es donde los expertos han empezado a escarbar. Y lo que están encontrando está cambiando la regla de «talla única».
Un martes gris en Lyon, vi a una familia negociar grados como si estuvieran intercambiando acciones. El padre, orgulloso de sus 19 °C, citaba el ahorro energético. La adolescente, envuelta en un edredón, respondía agitando los dedos helados delante de su cara. La abuela, recién salida del hospital, giraba en silencio la ruleta hasta 22 °C cuando nadie miraba.
Esta escena no es aislada. En Alemania, una encuesta de 2023 de un gran proveedor de energía mostró que la temperatura media de los salones iba subiendo hacia los 21 °C, pese a las recomendaciones oficiales. En el Reino Unido, los datos de salud vinculan las casas frías con decenas de miles de muertes adicionales en invierno cada año. La gente no siempre sigue la regla y, cuando lo hace, a veces se pone enferma.
El viejo estándar de 19 °C se construyó pensando en un adulto sano y activo, con ropa de abrigo, moviéndose mucho en una vivienda bien aislada. Es un perfil bastante específico. Ignora a los bebés que gatean sobre suelos fríos, a quienes teletrabajan sentados durante horas y a las personas mayores, cuyos cuerpos regulan el calor con menos eficiencia. También ignora los edificios mal aislados, donde 19 °C en el termostato no significa 19 °C donde tienes los pies.
Los expertos están pasando ahora a un enfoque más matizado: adaptar la temperatura a las personas y a la estancia, no al revés. Las nuevas recomendaciones reflejan esa realidad cotidiana y desordenada, en lugar de un modelo ideal de laboratorio. Y apuntan a una casa ligeramente más cálida, pero más inteligente.
El nuevo objetivo: 20–21 °C, pero no en todas partes
La mayoría de organismos de salud pública y expertos en edificación convergen hoy en un nuevo punto dulce. Para salones y espacios donde estás sentado sin moverte demasiado, 20–21 °C se perfila como la franja realista de confort. Ni tropical, ni espartana. Lo justo para que no estés pensando constantemente en el frío.
La Organización Mundial de la Salud ha actualizado sus orientaciones para personas vulnerables, sugiriendo en torno a 20–21 °C para reducir riesgos respiratorios y cardiovasculares. Algunas agencias nacionales de energía se están alineando discretamente con ello, aunque el eslogan político todavía no se haya puesto al día. El lema de los 19 °C no está exactamente prohibido, pero ya no cuenta toda la historia.
Si miras cómo vive la gente de verdad, el patrón aparece claro. Los dormitorios pueden mantenerse más frescos, alrededor de 17–18 °C, donde el cuerpo duerme mejor bajo un buen edredón. Los baños resultan más confortables cerca de 21–22 °C durante periodos cortos, para no pisar un suelo helado con la piel mojada. Los despachos en casa quedan en un punto intermedio: 20–21 °C si estás sobre todo sentado; quizá algo menos con calcetines gruesos y jersey.
No se trata de calentar toda la vivienda como un hotel. Se trata de subir ligeramente la temperatura «normal» de las zonas de estar por salud y productividad, mientras se usan la zonificación, las válvulas inteligentes y hábitos diarios para mantener a raya el consumo. La nueva regla es menos un número único y más un rango que se adapta a tu vida real.
Cómo calentar de forma más inteligente a 20–21 °C sin que se dispare la factura
El truco práctico es aprender a pilotear la calefacción en vez de limitarte a ponerla «encendida» o «apagada». Empieza por tu zona principal de estar. Ajusta a 20 °C durante una semana y presta atención de verdad. ¿Sigues buscando la manta al cabo de una hora en el sofá o, por fin, te olvidas del frío?
Luego avanza en pasos pequeños. Si 20 °C sigue pareciendo fresco cuando estás inactivo, prueba 21 °C solo por la tarde-noche, cuando el cuerpo se ralentiza. Si durante el día vas bien con un jersey, vuelve a 19,5–20 °C. Piensa en medios grados, no en cambios bruscos. A tu cuerpo le gustan los cambios lentos; a la caldera, también.
Después llega la zonificación. Los dormitorios pueden quedarse en 17–18 °C, con la puerta cerrada y un edredón grueso. Un despacho o la habitación de los niños puede estar en la franja de 19–20 °C durante el día y bajar por la noche. Creas bolsas de calor donde realmente pasa la vida, en lugar de calentar todos los metros cuadrados «por si acaso». Las válvulas termostáticas modernas y los termostatos conectados lo hacen sorprendentemente fácil, incluso en pisos antiguos.
A nivel humano, los errores de temperatura suelen ser emocionales, no técnicos. Calentamos porque nos preocupa que alguien pase frío, o porque recordamos una casa de la infancia que parecía una nevera. En una tarde húmeda de noviembre, muchas personas entran en pánico ante el primer escalofrío y suben el termostato directamente a 23 °C «para calentarse antes», lo que simplemente recalienta el espacio más tarde.
Otros fallos comunes se repiten cada invierno. Dejar la calefacción constante a 21–22 °C día y noche, incluso cuando todo el mundo está bajo edredones pesados. Olvidar purgar los radiadores, de modo que medio sistema funciona a cámara lenta. Pasarse con el calentamiento por la mañana y luego abrir las ventanas de par en par a las 10 porque el aire se nota cargado, tirando literalmente euros por la ventana. Seamos honestos: nadie hace esto todos los días con una rigurosidad perfecta.
Un instalador de calefacción en Bruselas lo resumió sin rodeos:
«La gente cree que ahorra dinero pasando frío a 19 °C; luego no aguanta, sube todo a 23 °C y deshace tres semanas de esfuerzo en dos días. Temperaturas estables, un poco más altas, suelen salir más baratas que estar subiendo y bajando todo el rato.»
Para simplificar, aquí tienes una chuleta rápida para pegar en la nevera:
- Salón donde estás sentado: 20–21 °C por la tarde-noche, 19–20 °C durante el día.
- Dormitorios: 17–18 °C con un buen edredón; quizá 19 °C para bebés o personas mayores/frágiles.
- Baño: 21–22 °C durante la ducha; bajo el resto del tiempo.
- Despacho en casa: 20–21 °C si estás sentado todo el día; 19–20 °C si te mueves o te vistes por capas.
La pregunta de fondo detrás del termostato
Cuando superas la regla rígida de los 19 °C, aparece la pregunta real: ¿qué significa «estar a gusto» en tu casa, con tu cuerpo, tu trabajo, tu historia familiar? Quien teletrabaja en videollamadas todo el día no tiene las mismas necesidades que un cocinero que llega tarde, agotado, a un piso minúsculo. Un recién nacido, un adulto con enfermedad crónica, una abuela de 90 años: cada uno desplaza la temperatura adecuada uno o dos grados.
En un plano más íntimo, el termostato se ha convertido en un pequeño escenario donde se representan muchas de nuestras ansiedades. Sobre el dinero, sobre el clima, sobre la salud. Girar la rueda se ha vuelto un gesto moral, casi una confesión. Calientas demasiado: eres egoísta. Calientas poco: eres descuidado con tu cuerpo o con tu familia. Las nuevas recomendaciones de expertos invitan a algo más silencioso: escuchar, experimentar, observar cómo te sientes de verdad.
Todos hemos vivido ese momento en que alguien viene a casa, se frota las manos y dice con media sonrisa: «Vaya, hace fresquito aquí». Esa frase mínima puede disparar culpa, orgullo o defensividad. Puedes seguir viendo la calefacción como un juicio, o como una herramienta para moldear la vida que quieres dentro de casa. El paso de 19 °C a 20–21 °C no es solo un ajuste técnico: es una invitación a salir de la pura ideología y entrar en una conversación más honesta con tu propio confort.
Quizá este invierno, en lugar de repetir un número viejo como un eslogan, te plantes en medio del salón, escuches el zumbido suave de los radiadores, sientas el suelo bajo los pies descalzos y elijas una temperatura que de verdad encaje con tu vida. El grado que te permita respirar, trabajar, dormir y compartir una comida sin estar pensando constantemente en el frío. Y quizá esa era la regla que nos faltaba.
| Punto clave | Detalles | Por qué importa a los lectores |
|---|---|---|
| Temperatura objetivo en zonas de estar | Apunta a 20–21 °C en el salón y en espacios donde estás quieto por la tarde-noche, con 19–20 °C durante el día si te mueves un poco. | Ayuda a equilibrar confort y consumo sin obligar a la casa a vivir en jerseys y mantas permanentes. |
| Dormitorios más frescos para dormir mejor | Mantén los dormitorios a 17–18 °C con un buen edredón y pijama de abrigo; sube a ~19 °C para bebés, personas frágiles o mayores. | Favorece un sueño más profundo y reduce costes, sin exponer a quienes son más vulnerables a un frío perjudicial. |
| Zonificación y horarios | Programa temperaturas distintas por estancia y por hora: más calor por la tarde donde descansas, menos en habitaciones sin uso y por la noche. | Permite disfrutar de la franja de confort 20–21 °C donde más se nota, sin calentar espacios vacíos todo el día. |
FAQ
- ¿Es peligroso para mi salud estar a 19 °C? Para un adulto sano que se mueve con regularidad y se abriga bien, 19 °C no suele ser peligroso. Los problemas empiezan cuando la gente está quieta durante horas, vive en casas con corrientes o tiene problemas de corazón, pulmón o circulación. Para grupos vulnerables, los expertos se inclinan ahora por ~20–21 °C en las zonas de estar para reducir el riesgo de infecciones respiratorias y picos de presión arterial.
- ¿Pasar de 19 °C a 21 °C duplicará mi factura de calefacción? No, pero la aumentará. A grandes rasgos, 1 °C más puede suponer alrededor de un 7 % más de consumo en una vivienda típica, según el aislamiento y la eficiencia del sistema. A menudo puedes compensar esa subida bajando un poco la temperatura en dormitorios, cerrando puertas, sellando rendijas y calentando solo las estancias que realmente usas.
- ¿Cuál es la mejor temperatura si trabajo desde casa todo el día? Si estás sentado la mayor parte del tiempo, apunta a 20–21 °C en tu despacho. Combínalo con calcetines de abrigo, un jersey grueso y quizá una almohadilla térmica en la silla. Hacer pausas cortas para moverte también ayuda a estar a gusto sin convertir el piso en una sauna.
- Mi pareja siempre tiene frío y yo siempre tengo calor. ¿Quién tiene razón? Ni uno ni otro, y ambos. El confort térmico varía mucho de una persona a otra. Muchas parejas se quedan en torno a 20–21 °C en espacios compartidos, y quien tiene más frío añade capas o usa una manta ligera. Quien tiene más calor puede sentarse cerca de una ventana, elegir ropa más fresca o dormir con un edredón más ligero para que el acuerdo sea justo.
- ¿Debo apagar la calefacción por completo por la noche? En casas bien aisladas, bajar 2–3 °C por la noche suele ser suficiente; apagarla del todo puede enfriar demasiado las paredes y exigir más energía por la mañana. En viviendas con muchas fugas, un ajuste nocturno bajo, alrededor de 17–18 °C, mantiene el frío controlado y aun así ahorra dinero frente a las temperaturas diurnas.
Comentarios
Aún no hay comentarios. ¡Sé el primero!
Dejar un comentario