Una SUV plateada se aleja; el conductor echa un vistazo al recibo, frunce el ceño y luego se encoge de hombros mientras el tráfico le empuja hacia delante. El número del surtidor sigue mostrando una cantidad en dólares. La boquilla cuelga en un lateral, apoyada en su soporte, pero la pantalla digital no ha vuelto del todo a cero. Dos minutos después, llega un segundo coche, con una familia cansada a bordo, toallas de playa en el asiento trasero, que solo quiere combustible y aire acondicionado. Pasan la tarjeta y empiezan a repostar, pensando que están pagando solo su gasolina.
El encargado masculla entre dientes: «La boquilla no está bien colgada… otra vez».
En ese detalle minúsculo vive una estafa de verano.
La estafa silenciosa que se esconde a simple vista en surtidores concurridos
En los días de calor, las gasolineras funcionan como aeropuertos. Coches entrando y saliendo, pitidos de pantallas, niños pidiendo snacks. La mayoría de conductores van medio distraídos, medio agotados, centrados solo en el precio por litro y en el total que sube en la pantalla. Cuando el encargado de esta estación del Medio Oeste dice: «Vigilad la boquilla», no habla de seguridad. Habla de dinero que se escapa sin hacer ruido.
Su advertencia gira en torno a un hábito pequeño que algunos conductores sin escrúpulos aprovechan. Terminan de repostar, encajan la boquilla solo a medias en el soporte y se marchan deprisa. El sistema no se reinicia del todo. El siguiente conductor llega, inserta la tarjeta y, sin saberlo, paga no solo su propia gasolina, sino también esos céntimos -o incluso euros/dólares- que siguen «abiertos» en el surtidor. Parece poca cosa, pero multiplicado en un fin de semana largo de verano, es dinero de verdad.
Un viernes reciente vio tres versiones de la misma escena. Una pickup cargó 5 dólares en una garrafa portátil y luego «devolvió» la boquilla con el movimiento justo para que, desde lejos, pareciera correcto. La pantalla siguió activa. Segundos después, entró una pareja joven en un coche de alquiler, con prisa tras un viaje largo. No se dieron cuenta de que los números no se habían borrado del todo. Pagaron ambos repostajes. Más tarde ese mismo día, una monovolumen llena de niños repitió el patrón. El encargado, lidiando con una cola en la caja, no lo vio a tiempo en las cámaras.
Dice que no siempre es un gran estafador con un plan maestro. A veces es oportunismo. Un conductor ve el surtidor aún activo, se da cuenta de que puede cargar un par de litros a cuenta de otro y se aprovecha. Otras veces es un timador itinerante que recorre varias estaciones a lo largo de una autopista. El patrón siempre es el mismo: boquilla mal colgada, surtidor sin reiniciar, siguiente conductor cobrado de más en silencio. Sin drama, sin gritos. Solo una fuga lenta de tu cartera.
Técnicamente, este «truco de la boquilla» depende de cómo los surtidores antiguos o mal mantenidos registran el fin de una transacción. Algunas máquinas solo se reinician de verdad cuando la boquilla queda firmemente encajada y el gatillo hace clic. Si alguien la cuelga con desgana o la deja ligeramente torcida, el sistema puede creer que la venta anterior sigue activa. Entonces, cuando tú llegas y pagas con tarjeta o móvil, el sistema «absorbe» ese remanente dentro de tu operación. No verás en pantalla «gasolina del usuario anterior». Solo verás un total que das por hecho que es únicamente tuyo.
Las cadenas de gasolineras lo conocen, pero no todos los propietarios independientes tienen surtidores modernos con protecciones adicionales. En verano todo empeora: más viajes por carretera, más conductores cansados, más explanadas abarrotadas donde los pequeños trucos se camuflan en el ajetreo. Por eso el encargado repite lo mismo a quien quiera escuchar: «Antes de apretar el gatillo, mirad si la boquilla está realmente colgada». Y no es paranoia.
Cómo protegerte en cinco segundos
La defensa más simple empieza antes de tocar nada. Baja del coche, respira una vez y mira directamente la pantalla. El total debe marcar 0,00 y el volumen 0,000. Nada de céntimos corriendo ni números medio borrados. Si hay algo en pantalla, detente. Pulsa «cancelar». Espera a que se reinicie, aunque el coche de detrás tenga prisa.
Luego revisa la boquilla. ¿Está encajada del todo en el soporte, el gatillo bien asentado, la manguera relajada? ¿O cuelga raro, con la punta todavía apuntando al suelo? Si se ve mal, colócala de nuevo con firmeza, espera un segundo y observa los números. Solo cuando el surtidor se haya reiniciado claramente inicias tu operación. Esos dos gestos -cancelar y volver a colgar- pueden evitar que pagues el repostaje de un desconocido.
Hay algunos hábitos que reducen muchísimo el riesgo. Guarda siempre el recibo, especialmente en viajes largos, cuando repostas varias veces al día. No porque te vayas a poner a revisarlo línea por línea en la siguiente área de descanso -seamos sinceros: nadie hace eso todos los días-. Pero si algo te suena raro por lo rápido que subieron los euros, ese papel es la única prueba rápida que tienes.
Otro gesto pequeño: fíjate en cuánta gasolina suele admitir tu coche cuando está en reserva o a medio depósito. Si tu compacto de repente «necesita» 19 galones (o el equivalente), algo falla. En gasolineras concurridas de autopista, esta conciencia básica funciona como el cinturón de seguridad: aburrida casi siempre, vital cuando algo se tuerce. Y si un surtidor se ve viejo, falla, o está muy castigado, elige otro si puedes. Un surtidor cuidado y bien iluminado suele ser menos vulnerable a estos trucos al límite.
El encargado con el que hablé insiste en que no intenta asustar a nadie para que no pare en su estación. Simplemente le fastidia ver cómo a la gente normal le van quitando, en silencio, con la misma estafa evitable.
«Contamos inventario cada día», explica. «Cuando los números no cuadran, casi nunca es un gran robo. Son diez euros aquí, veinte allá, sobre todo de gente que ni siquiera supo que formaba parte de la historia».
Tiene una lista sencilla para los conductores en quienes confía lo suficiente como para contarlo todo. La comparte como una receta que pasas a la familia, no como un memo corporativo.
- Busca 0,00 en el surtidor antes de insertar ninguna tarjeta o acercar el pago.
- Vuelve a colgar la boquilla físicamente, espera el clic y mira cómo la pantalla vuelve a cero.
- Coge el recibo y compara los litros con lo que suele caber en tu depósito.
- Usa surtidores bien iluminados y a la vista del cajero o de las puertas principales.
- Si algo no cuadra, deja de repostar, pulsa «cancelar» y habla con el personal.
Por qué esto importa más que «solo unos euros»
La reacción fácil es encogerse de hombros y decir: «Bueno, igual perdí tres euros una vez». En un día concreto quizá no te cambie la vida. Pero la gasolina no es un gasto cualquiera ahora mismo. Para muchas familias, conducir en verano ya es un juego de números: hotel vs. Airbnb, restaurante vs. autoservicio, depósito lleno vs. «llegamos al siguiente pueblo». Cuando los márgenes son estrechos, las pérdidas invisibles duelen de otra manera.
En un sábado veraniego con mucho tráfico, una sola gasolinera de autopista puede atender a cientos de coches. Si aunque sea el 5% de esas transacciones incluye 2–4 euros «sueltos» de una venta anterior, las cuentas empiezan a doler. Es dinero real saliendo de los bolsillos de la gente, sin un «malo» evidente al que señalar. La estafa sobrevive precisamente porque la mayoría de víctimas nunca se sienten víctimas. Sin alarmas, sin tarjetas rechazadas, sin discusiones en el surtidor. Solo combustible ligeramente más caro y una vaga sensación de que el coche «bebe más que antes».
En un plano más humano, esta historia toca algo de lo que casi no hablamos: el estrés silencioso de no saber adónde se va tu dinero. En un viaje por carretera quieres pensar en listas de reproducción, bares de carretera, el primer vistazo al mar. No en si el tipo anterior del surtidor 6 dejó una trampa. En el trayecto diario al trabajo solo quieres llegar a casa. Por eso un pequeño hábito consciente puede resultar extrañamente empoderador. No puedes controlar el precio del combustible. Sí puedes controlar si la boquilla está realmente colgada antes de que tu dinero empiece a fluir.
Todos conocemos ese momento: de pie bajo el calor, tarjeta en la mano, la cabeza aún medio en el trabajo o medio en vacaciones. Ahí es donde prosperan las estafas pequeñas: en la distracción, en la rutina, en la confianza. La advertencia del encargado no es una llamada a la paranoia. Es un recordatorio para espabilar cinco segundos en un lugar donde literalmente quemas dinero por litros. Esa breve pausa, esa segunda mirada a la pantalla, quizá no parezca heroica. Pero dice en voz baja: hoy no.
Y una vez que has visto el truco, es difícil no verlo. La próxima vez que pares y la pantalla no esté a cero, o la boquilla cuelgue con demasiada desgana, notarás ese pequeño vuelco en el estómago. Un recordatorio de que el juego está ahí, esperando, y de que no tienes por qué jugar.
| Punto clave | Detalle | Interés para el lector |
|---|---|---|
| La «estafa de la boquilla» | Boquilla mal colgada, surtidor no reiniciado, el siguiente paga el remanente | Entender cómo se pierde dinero sin darse cuenta |
| Comprobación en 5 segundos | Mirar la pantalla, recolocar la boquilla, esperar a que vuelva a cero | Un gesto simple para no financiar el repostaje de un desconocido |
| Hábitos a adoptar | Guardar el recibo, conocer la capacidad del depósito, elegir surtidores vigilados | Ganar un reflejo duradero que protege en todos los trayectos estivales |
Preguntas frecuentes (FAQ)
- ¿Cómo puedo saber si estoy pagando la gasolina de otra persona? Comprueba que tanto el total como los litros marcan cero antes de empezar, y vuelve a colgar la boquilla hasta oír el clic y ver que la pantalla se reinicia.
- ¿De verdad es común esta estafa en las gasolineras? No ocurre en todas partes, pero encargados en autopistas con mucho tráfico dicen que ven variantes más a menudo en verano, cuando hay más movimiento y la gente va distraída.
- ¿Puede la gasolinera reembolsarme si me doy cuenta enseguida? Normalmente sí: si dejas de repostar rápido y entras con el recibo, el personal puede revisar la transacción y ajustarla o anotarla para la conciliación del día.
- ¿Los surtidores modernos evitan que pase? Los surtidores más nuevos y bien mantenidos suelen reiniciarse automáticamente y cerrar cada venta con más claridad, lo que dificulta el truco, aunque no lo hace imposible si el mantenimiento es deficiente.
- ¿Qué hago si sospecho que el cliente anterior lo hizo a propósito? Detén la operación, pulsa «cancelar», entra y explica con calma lo que viste al cajero o al encargado para que revisen las cámaras y los registros del surtidor.
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