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Entre los chimpancés, los más jóvenes suelen crear nuevas tradiciones, lo que cuestiona nuestra visión sobre cómo aprenden los animales.

Tres chimpancés en la selva, uno sosteniendo musgo húmedo en un tronco cubierto de hojas y musgo verde.

En una selva tropical ugandesa, jóvenes chimpancés están reescribiendo silenciosamente el manual de cómo empieza la cultura, cómo se extiende y, a veces, cómo muere.

Investigadores que los observaron durante meses no vieron solo torpes copias de los trucos adultos, sino auténticas primicias: nuevas herramientas, nuevos gestos, nuevas formas de resolver viejos problemas. Estos pequeños experimentos de cuerpos pequeños plantean una gran pregunta sobre dónde empieza realmente la cultura, tanto en los grandes simios como en nosotros.

Los jóvenes chimpancés como manitas culturales, no como pequeños imitadores

La imagen, arraigada desde hace tiempo, de los animales jóvenes como pizarras en blanco que absorben pasivamente lo que hacen los adultos parece cada vez más endeble. En Ngogo, en el Parque Nacional de Kibale (Uganda), un equipo de la Universidad de Montreal y universidades asociadas siguió a chimpancés inmaduros durante 15 meses, registrando cada vez que recogían o usaban un objeto.

Registraron 67 episodios de uso de objetos en 36 chimpancés jóvenes. Casi la mitad de esas conductas -en torno al 49%- no coincidían con lo que los adultos solían hacer con los mismos materiales. Esa desviación importa. Significa que los jóvenes doblan las normas, en lugar de limitarse a aprenderlas.

Estas conductas “extrañas” no son simples errores. Siembran variación, la materia prima a partir de la cual pueden crecer nuevas tradiciones.

Hojas, palos, musgo y piedras se convirtieron en piezas de un experimento abierto. Los jóvenes chimpancés no se limitaron a copiar acciones conocidas. Recombinaban elementos, cambiaban de contexto y probaban usos improbables, desde juguetes improvisados hasta herramientas apañadas.

Esa libertad temprana proviene de su posición social. Los juveniles afrontan menos presión para conformarse. Los adultos toleran sus trasteos, y los intentos fallidos no conllevan un coste real. Esa burbuja segura de ensayo y error actúa como un laboratorio vivo para el cambio cultural.

Tres conductas llamativas que apuntan a una cognición avanzada

Una “esponja” de musgo que supera la técnica adulta

Uno de los casos más claros de innovación vino de una hembra de seis años. En Ngogo, los chimpancés adultos suelen hacer “esponjas de hojas”, agrupando hojas y masticándolas ligeramente antes de empaparlas en agua para beber. Esta joven se saltó por completo el paso de “fabricación”.

Cogió un mechón natural de musgo, lo mojó y aprovechó su estructura absorbente para beber. Nadie le había mostrado ese movimiento concreto. Partió de una conducta existente -hacer una esponja-, pero sustituyó el material por otro distinto y más eficiente.

El método del musgo funcionaba más rápido y retenía más agua que la esponja tradicional de hojas, y aun así nunca se convirtió en una moda local.

El hecho de que ese truco no se propagara muestra lo frágil que es la innovación en la naturaleza. Incluso cuando un método nuevo es objetivamente eficaz, las barreras sociales pueden suprimirlo. El estatus, la visibilidad y el momento deciden si un ajuste ingenioso se convierte en un hábito del grupo o desaparece con el individuo.

“Juego de muñecas” y un ensayo para la maternidad

Una segunda hembra joven, de apenas un año, empezó a llevar un tronco como si fuera un bebé. Lo acunaba, lo recolocaba y lo transportaba de formas que imitaban el manejo materno de las crías.

Este llamado “juego de muñecas” se había observado antes en otros grupos de chimpancés, pero no en Ngogo. Su reaparición allí sugiere que ciertas conductas pueden reaparecer repetidamente sin copia directa. En la superficie parece un juego, pero puede tener una función de entrenamiento.

Al practicar con un leño, la joven ensaya el ritmo, la postura y la coordinación que necesitará más adelante con crías reales. Ese cuidado fingido parece un puente emocional y cognitivo entre el juego presente y la responsabilidad futura.

Hackear una señal social para conseguir que la lleven a cuestas

El tercer ejemplo implica un giro de una señal ya existente. Los chimpancés adultos usan el “recorte de hojas” -arrancar trocitos de una hoja de manera característica y ruidosa- para llamar la atención en contextos sociales o sexuales.

Un macho joven utilizó el recorte de hojas de otra forma. Lo realizó delante de su madre, no como coqueteo ni amenaza, sino como petición. Quería que lo llevara. Ella respondió y lo alzó.

Reutilizar una señal compartida con un objetivo nuevo implica que el joven entendía tanto cómo funciona la señal como cómo doblar su significado.

Este cambio muestra flexibilidad cognitiva más que aprendizaje mecánico. El juvenil comprendió que sonido más audiencia equivale a respuesta, y luego introdujo una intención distinta. Se parece menos a un instinto y más a una resolución básica de problemas con herramientas sociales.

Por qué unos chimpancés jóvenes inventan más que otros

Medir la curiosidad: los “grandes exploradores”

No todos los jóvenes chimpancés se comportan como pequeños innovadores. Para entender la variación, los investigadores construyeron un “índice de exploración”. Combinaron varios factores:

  • con qué frecuencia un individuo usaba objetos
  • cuántos tipos distintos de objetos probaba
  • la proporción de sus acciones que eran atípicas
  • lo pronto que aparecían estas conductas en la vida
  • durante cuánto tiempo se observó al chimpancé

Algunos individuos destacaron con claridad. Nueve jóvenes -cinco hembras y cuatro machos- mostraron puntuaciones mucho más altas. Usaban más objetos, de más maneras, con más desviaciones respecto a las normas adultas. Los investigadores los llamaron “grandes exploradores”.

Dos factores moldearon esos perfiles: el sexo y la experiencia de la madre. Las hembras jóvenes tendían a explorar más que los machos. Ese patrón encaja con otros hallazgos, como que las hembras adquieren antes las habilidades de “pesca” de termitas.

Las crías de madres con experiencia, que ya habían criado otros bebés, también mostraron índices de exploración más altos. Estas madres parecían más tolerantes cuando los jóvenes cogían, rompían o jugaban con objetos a su alrededor. Esa tolerancia creaba margen para experimentar.

La innovación surge de una mezcla de temperamento y contexto: un niño curioso en un entorno social paciente y permisivo.

Andamiaje social y techos culturales

En cambio, los individuos poco exploradores se mantuvieron cerca del guion adulto. Copiaban, pero rara vez se desviaban. Su uso de objetos parecía competente, pero estrecho, con pocos intentos de ajustar o reutilizar técnicas.

Esta división recuerda ideas de la psicología del desarrollo humana. Los niños que crecen con más libertad para probar, fallar y trastear suelen mostrar después habilidades de resolución de problemas más amplias. Los datos en chimpancés sugieren que dinámicas similares operan más allá de nuestra especie.

Sin embargo, los jóvenes chimpancés también chocan con un techo social. Incluso las innovaciones más audaces tienden a estancarse si provienen de individuos de bajo estatus o ocurren lejos de observadores clave. Sin el público adecuado, las conductas nuevas se quedan en experimentos privados en lugar de convertirse en tradiciones compartidas.

Dos teorías sobre cómo avanza la cultura de los grandes simios

Soluciones latentes frente a oportunidades guiadas

Los hallazgos de Ngogo se enmarcan en un debate más amplio entre investigadores de primates sobre cómo viaja y cambia la cultura. Dominan dos ideas: la “zona de soluciones latentes” y la “zona de adquisición proximal”.

Concepto Idea central Lo que sugiere el estudio de Ngogo
Zona de soluciones latentes (ZLS) Los individuos pueden redescubrir ciertas conductas por sí mismos, mediante ensayo y error, sin imitación precisa. La esponja de musgo y el juego de muñecas encajan aquí: ningún adulto mostró exactamente esas conductas delante de los jóvenes.
Zona de adquisición proximal (ZPA) El entorno social determina cuándo y cómo aparecen conductas nuevas, al proporcionar oportunidades, modelos y materiales. La proximidad a madres tolerantes y la exposición a herramientas adultas enmarcan claramente lo que los juveniles pueden probar y retorcer.

Probablemente ambas fuerzas actúan a la vez. Un chimpancé joven puede inventar una conducta novedosa en solitario, pero solo dentro de un repertorio de herramientas y un entorno proporcionados por el grupo. Los adultos muestran lo posible, mientras los jóvenes empujan los límites.

Por qué la mayoría de las buenas ideas nunca se convierten en tradiciones

Los casos de Ngogo subrayan una verdad dura: inventar no garantiza sobrevivir. Una innovación debe ser vista, comprendida y repetida antes de poder considerarse un rasgo cultural estable.

Entre los factores que parecen afectar ese salto de rareza individual a costumbre compartida están:

  • quién realiza la conducta (los chimpancés jóvenes y de bajo estatus reciben menos atención)
  • con qué frecuencia los demás pueden verla en acción
  • si el beneficio resulta evidente para los observadores
  • hasta qué punto la nueva acción encaja en rutinas existentes

Este cuello de botella ayuda a explicar por qué las culturas de chimpancé muestran variedad, pero rara vez el tipo de acumulación constante y escalonada que se observa en humanos. Las innovaciones parpadean: aparecen y a menudo se desvanecen antes de quedar incrustadas en la memoria del grupo.

Qué significa esto para la evolución cultural humana

Los humanos destacan por la cultura acumulativa: cada generación apila mejoras sobre las anteriores, desde las herramientas de piedra hasta los smartphones. Los chimpancés, en comparación, muestran diversidad cultural sin largas cadenas de refinamiento.

El estudio de Ngogo sugiere que las raíces psicológicas de nuestras capacidades culturales se encuentran en algo muy simple: jóvenes curiosos a los que se les permite trastear.

Las similitudes entre chimpancés jóvenes y niños humanos son llamativas: infancias largas, apetito por el juego, tolerancia social hacia intentos torpes y una rica exposición a las habilidades de otros. Esos ingredientes parecen una receta general para la innovación, no una rareza exclusivamente humana.

La brecha aparece más tarde, en cómo los grupos capturan y protegen las ideas nuevas. Las sociedades humanas usan la enseñanza, el lenguaje, los relatos y herramientas como la escritura o el vídeo para “congelar” las innovaciones y transmitirlas ampliamente. Los chimpancés dependen solo de la observación, así que muchas ideas prometedoras desaparecen cuando el innovador muere o se marcha.

Para ir más allá: qué significa realmente “innovación” en los animales

Cuando los científicos hablan de innovación en animales, normalmente se refieren a tres cosas: la conducta aparece de forma espontánea, difiere de la norma local y resuelve un problema o un objetivo real. No tiene por qué ser espectacular. Un pequeño ajuste en cómo se sujeta una herramienta, o en cuándo se usa una señal, puede contar si cambia la eficiencia o el resultado.

En chimpancés, estas innovaciones suelen emerger durante el juego. Un joven que golpea palos “por diversión” puede tropezar con una manera de cascar nueces. Un tirón juguetón de una planta puede revelar una nueva fuente de alimento. El juego ofrece condiciones de bajo riesgo en las que el coste de probar algo raro sigue siendo pequeño, pero la recompensa, si funciona, puede ser alta.

Para el lector, un ejercicio mental útil es imaginar qué conductas humanas cotidianas podrían haber empezado así. Una forma distinta de hacer un nudo, un atajo a través de un campo, un juguete inventado por un niño aburrido: muchas costumbres probablemente comenzaron como efectos secundarios del juego y, más tarde, se formalizaron como tradición.

Los hallazgos de Ngogo también plantean una advertencia para la conservación. Cuando las comunidades pierden a sus miembros más jóvenes por enfermedad, caza o alteración del hábitat, pueden perder algo más que futuros reproductores. Pierden un motor importante de renovación cultural. Proteger las poblaciones de primates -especialmente a los juveniles y a las madres con experiencia- no solo preserva números. También salvaguarda las condiciones que permiten que aparezcan ideas nuevas.

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