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Geólogos descubren túneles misteriosos en la roca que sugieren un organismo terrestre desconocido.

Manos examinan con lupa un objeto pétreo agujereado sobre un escritorio con martillo, libro y botella de vidrio.

Those líneas nítidas grabadas a gran profundidad en mármol y caliza quizá no sean cicatrices del viento o del calor, sino marcas dejadas por una forma de vida desaparecida que, literalmente, se abrió paso comiéndose la piedra. Un nuevo estudio sugiere que estos túneles microscópicos podrían pertenecer a un organismo que nunca se ha visto vivo y que, aun así, podría haber alterado silenciosamente el equilibrio del carbono de la Tierra durante millones de años.

Túneles extraños en rocas del desierto

La historia comienza en Namibia hace más de quince años. Mientras examinaba afloramientos de mármol, el geólogo Cees Passchier, de la Universidad Johannes Gutenberg de Maguncia, observó algo que no encajaba en ningún manual. Bajo la superficie pulida de la piedra, los cortes mostraban haces de tubos en forma de aguja, discurriendo en paralelo a través de la roca.

Cada túnel mide solo unos 0,5 milímetros de ancho, pero puede alcanzar hasta tres centímetros de profundidad. Aparecen en bandas rectas y paralelas, siempre perpendiculares a la superficie de la roca y, a menudo, emergiendo desde fracturas naturales. El patrón parece deliberado, casi diseñado, y sin embargo nada mecánico ha tocado jamás estos antiguos acantilados del desierto.

Estructuras similares aparecieron después en Omán y Arabia Saudí, a veces dentro de calizas de edad cretácica. Continentes distintos, edades distintas, la misma geometría. Esa consistencia inquietó de inmediato al equipo, porque ningún proceso geológico común parecía encajar.

La erosión geológica produce oquedades caóticas y canales irregulares. Estos túneles parecen organizados, alineados y extrañamente disciplinados.

Passchier y sus colegas repasaron los sospechosos habituales. ¿Arena arrastrada por el viento? Demasiado aleatoria. ¿Disolución por agua en circulación? Los agujeros estaban en afloramientos secos y expuestos, lejos de cualquier agua subterránea reciente. ¿Microfracturación por estrés tectónico? Eso rompe la roca, pero no crea tubos verticales ordenados rellenos de un material distinto.

Tras descartar las explicaciones abióticas estándar, los investigadores se inclinaron hacia una opción más inquietante: algo vivió en estas rocas y dejó su infraestructura.

Indicios que apuntan a una actividad biológica fosilizada

Las láminas delgadas de los túneles al microscopio muestran que no son vacíos. Cada uno está relleno de un depósito fino y pálido de carbonato cálcico que difiere del mármol o la caliza circundantes. Químicamente, el material de relleno contiene mucho menos hierro, manganeso, estroncio y tierras raras que la roca anfitriona.

Esta depleción selectiva sugiere que algún proceso clasificó los elementos, concentrando unos y eliminando otros. Una meteorización química aleatoria no produciría una separación tan limpia a lo largo de miles de túneles individuales.

Las huellas químicas dentro de los túneles parecen los restos de un proceso vivo, no solo química ciega actuando sobre la piedra.

Las mediciones isotópicas refuerzan esa sospecha. Las proporciones de isótopos de carbono y oxígeno dentro del relleno de los túneles se desvían de las del carbonato original. Ese cambio suele apuntar a actividad biológica, en la que los microbios procesan carbono y oxígeno de formas muy específicas.

La espectroscopía Raman, una técnica que lee las firmas vibracionales de las moléculas, detecta trazas de carbono orgánico fosilizado en algunos depósitos. Ese carbono probablemente procede de células degradadas o biopelículas que en su día recubrieron las paredes de los túneles.

Hay más. Las superficies internas de los túneles muestran enriquecimiento en fósforo y azufre. Estos dos elementos son la base del ADN, las membranas celulares y muchas proteínas. Su concentración a lo largo de las paredes, en vez de estar repartida uniformemente por la roca, encaja con la idea de antiguas células adheridas allí.

Sin embargo, la arquitectura general de los túneles no coincide con ningún hongo, liquen, cianobacteria o estructura radicular conocida. No hay ramificaciones, ni filamentos serpenteantes, ni ensanchamientos y estrechamientos típicos de raíces. Los túneles son ejes rectos y solitarios, avanzando en formación a través del mineral.

Un microbio perforador de roca que podría haber consumido hidrocarburos

El equipo se inclina ahora por una hipótesis audaz: los túneles se formaron cuando un microorganismo endolítico desconocido colonizó fracturas en rocas carbonatadas y perforó hacia el interior en busca de alimento.

Los organismos endolíticos viven dentro de la roca, en poros o grietas diminutas. Hay ejemplos modernos, como bacterias y algas que sobreviven en piedras translúcidas de la Antártida, alimentándose de la luz que se filtra unos milímetros bajo la superficie. Pero los túneles del desierto no están cerca de la superficie y las rocas a menudo son opacas. Esto descarta una vida que necesite luz solar.

En su lugar, el microbio hipotético podría haber dependido de energía química almacenada en moléculas orgánicas atrapadas dentro de la roca; por ejemplo, restos de antigua vida marina conservados como hidrocarburos en la caliza. Para alcanzar esos compuestos, las células habrían secretado ácidos orgánicos que disolvían lentamente el carbonato cálcico, avanzando a medida que se abrían camino hacia el interior.

A medida que el frente avanzaba, los minerales disueltos precipitarían detrás del borde vivo, dejando el relleno pálido de carbonato que hoy se observa. Con el tiempo, la colonia murió y se descompuso, pero los moldes minerales de sus túneles quedaron como prueba fantasmal de su presencia.

  • Rocas anfitrionas: mármol y caliza en Namibia, Omán, Arabia Saudí
  • Tamaño de los túneles: ~0,5 mm de ancho, hasta 3 cm de profundidad
  • Estimación de edad: aproximadamente 1–3 millones de años
  • Entorno: desiertos áridos con oscilaciones térmicas extremas

Un indicio de “inteligencia química” en la piedra

Uno de los aspectos más extraños está en la disposición de los túneles. Casi nunca se cruzan ni colisionan. Se mantienen paralelos, con un espaciado bastante regular, como carriles en una autopista microscópica. Ese patrón sugiere algún tipo de coordinación, aunque no hubiera cerebro ni sistema nervioso implicado.

Las rocas parecen conservar una instantánea congelada de una colonia gestionando su propia expansión, guiada por señales químicas más que por pensamiento consciente.

Las bacterias modernas a menudo usan gradientes químicos para moverse hacia nutrientes o alejarse de toxinas, un comportamiento conocido como quimiotaxis. El equipo de Maguncia sospecha un proceso relacionado aquí, pero ampliado a escala comunitaria en lugar de una sola célula.

Imagina millones de células en la superficie de una fractura, detectando dónde se encuentran, más adentro en la roca, los parches ricos en materia orgánica. Cuando algunas empiezan a perforar, liberan subproductos que cambian sutilmente la química a su alrededor. Las células vecinas detectan esos cambios y ajustan dirección o separación, evitando zonas ya explotadas y minimizando el solapamiento.

Cómo podrían haberse formado los túneles, paso a paso

Etapa Proceso en la roca
1. Colonización Los microbios se asientan a lo largo de una fractura o superficie en roca carbonatada, atraídos por trazas de materia orgánica.
2. Frente de disolución Las células segregan ácidos orgánicos que disuelven CaCO₃ localmente, abriendo un paso estrecho hacia el interior.
3. Crecimiento del túnel La colonia avanza como una banda de células, dejando detrás una microgalería limpia y recta.
4. Relleno mineral El carbonato disuelto recristaliza detrás del frente activo, rellenando el túnel con CaCO₃ químicamente distinto.
5. Fosilización Cuando la colonia muere, la materia orgánica se degrada, pero el molde mineral del túnel persiste durante millones de años.

Algunos rellenos de túneles muestran estratificación concéntrica, casi como anillos de árbol. Ese patrón sugiere que el crecimiento no avanzó a un ritmo constante. La humedad estacional, raros episodios de lluvia o cambios en los nutrientes disponibles podrían haber producido ráfagas de actividad seguidas de periodos de calma, quedando fijados en la roca como franjas químicas.

¿Podrían los microbios “comepiedras” afectar al ciclo del carbono de la Tierra?

Las rocas carbonatadas como la caliza y el mármol atrapan enormes cantidades de carbono en forma de CaCO₃. A lo largo del tiempo geológico, este reservorio ayuda a regular cuánto dióxido de carbono circula entre atmósfera, océanos y corteza.

Si un microbio disuelve carbonato mientras se alimenta, libera ese carbono almacenado, al menos localmente. Los productos inmediatos podrían incluir carbono inorgánico disuelto o CO₂ en diminutos bolsillos de fluido. La mayor parte reaccionará de nuevo o se reprecipitará, pero en escalas muy largas el balance puede cambiar.

Repetida a través de vastos afloramientos desérticos y durante millones de años, la perforación microscópica de roca podría remodelar sutilmente los flujos de carbono entre piedra y aire.

La meteorización ya libera CO₂ cuando el agua de lluvia disuelve lentamente acantilados de caliza y sistemas de cuevas. El microbio propuesto añadiría un atajo biológico, acelerando la disolución en fracturas y superficies protegidas donde el agua por sí sola no llega con facilidad.

Los modelos climáticos suelen tratar las rocas carbonatadas como un telón de fondo en gran medida pasivo, que cambia solo mediante procesos químicos y tectónicos lentos. Si este tipo de tunelización biológica resultara extendida en el registro geológico, los modelizadores quizá deban ajustar supuestos sobre la rapidez con la que el carbono puede salir de la corteza.

El momento también importa. Si estos organismos prosperaron durante fases climáticas concretas, podrían haber contribuido a oscilaciones misteriosas de CO₂ antiguo, especialmente en regiones áridas donde otras formas de vida tienen dificultades para alterar rocas en profundidad.

Una posible nueva rama del árbol de la vida… ahora desaparecida

Hasta ahora no se ha encontrado ADN ni proteínas aprovechables en los rellenos de los túneles. Las estimaciones de edad sitúan las estructuras entre uno y tres millones de años, y la combinación implacable de calor, sequedad y oxidación en los desiertos destruye rápidamente el material genético.

Eso deja a los investigadores en una posición difícil. Tienen indicios circunstanciales sólidos de un origen biológico, pero no disponen de un cultivo vivo que criar en laboratorio, ni de un genoma que secuenciar, ni de una observación directa de la perforación en acción. El organismo podría haberse extinguido o podría sobrevivir en bolsillos ocultos que aún nadie ha muestreado.

El equipo de Passchier pide ahora a geólogos y microbiólogos de todo el mundo que revisen afloramientos desérticos, canteras antiguas y acantilados carbonatados en busca del mismo tipo de microtúneles paralelos. Si aparecen rasgos similares en climas o edades diferentes, podrían emerger patrones que revelen dónde y cuándo prosperó este misterioso modo de vida.

Por qué a los geólogos les importa la vida dentro de las rocas

Este trabajo se sitúa en la intersección de varios campos: sedimentología, geomicrobiología, ciencia del clima e incluso astrobiología. La vida endolítica muestra cómo los organismos pueden sobrevivir en lugares que parecen totalmente hostiles, alimentándose de químicos traza y remodelando minerales desde dentro.

Para los científicos planetarios, los microbios perforadores de roca en la Tierra ofrecen una plantilla. Si alguna vez surgió vida en Marte o en lunas heladas como Europa, podría haberse refugiado en la roca o en el hielo en lugar de vivir en la superficie. Texturas sutiles, halos químicos o microtúneles en rocas extraterrestres podrían ser las únicas señales que quedaran.

El estudio de estos túneles de Namibia y Arabia también alimenta cuestiones prácticas. Los microbios que disuelven carbonatos podrían afectar a la estabilidad de la piedra de construcción o de reservorios subterráneos de almacenamiento. En proyectos de captura de carbono, donde se inyecta CO₂ en formaciones carbonatadas, comprender posibles retroalimentaciones biológicas deja de ser una curiosidad teórica.

Los investigadores ya realizan simulaciones del crecimiento microbiano en rocas porosas para predecir cómo las biopelículas cambian la permeabilidad y la resistencia. Añadir este estilo de tunelización dirigida a los modelos podría afinar las predicciones sobre fracturación, flujo de fluidos y retención de carbono a largo plazo en reservorios diseñados.

Por ahora, los desiertos de la Tierra contienen los únicos ejemplos conocidos, y plantean más preguntas que respuestas. ¿Qué tipo de metabolismo impulsaba a este organismo? ¿Dependía del oxígeno o usaba sulfato o nitrato como aceptores de electrones? ¿Actuaba solo o en colaboración con otros microbios de cuerpo blando que no dejaron rastro en la roca?

Futuras campañas de campo podrían combinar un mapeo cuidadoso de las bandas de túneles con microperforación, técnicas de imagen avanzadas e intentos experimentales de recrear estructuras similares en el laboratorio. Incluso si el organismo original nunca aparece vivo, los túneles del desierto ya amplían nuestra idea de dónde puede operar la vida y de lo silenciosamente que puede reescribir la química de la piedra bajo nuestros pies.

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