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Ingenieros confirman que sigue la construcción de una línea ferroviaria submarina que unirá continentes mediante un túnel bajo el mar.

Ingeniera en túnel subterráneo, con casco y chaleco, revisa planos y apunta al interior. Maqueta de puente y tierra en mesa.

A un par de barcos bajos y oscuros permanecían inmóviles en el horizonte, flanqueados por boyas naranjas y una grúa que parecía absurdamente delicada frente a la escala del mar. En cubierta, equipos con chaquetas fluorescentes se movían como hormigas alrededor de un cilindro de acero lo bastante grande como para tragarse un autobús. Sonó una sirena una sola vez y toda la estructura empezó a deslizarse, lenta y deliberadamente, hacia el agua. Alguien a mi lado susurró: «Eso es una pieza del túnel».

Muy por debajo de las olas, los ingenieros están cosiendo una línea ferroviaria que no solo cruzará una bahía o un canal, sino que saltará de un continente a otro a través de un túnel en aguas profundas. Sin colas en el aeropuerto. Sin cancelaciones por tormentas. Solo acero, roca y una línea recta en la oscuridad. Ahora mismo, resulta casi irreal.

Y, sin embargo, los planos están firmados, las tuneladoras están colocadas y el lecho marino ya se está cartografiando con precisión milimétrica. Algo inmenso avanza en silencio.

El día en que los continentes empezaron a sentirse más cerca

Los ingenieros que conocí en la embarcación de escolta no hablaban como gente persiguiendo un sueño de ciencia ficción. Hablaban como jefes de proyecto con un plazo brutal. Café en una mano, tableta en la otra, la mirada saltando entre tablas de mareas y datos del suelo: eran menos «visionarios» que solucionadores de problemas con barro en las botas. Uno señaló una plataforma flotante y dijo, casi con naturalidad: «Ese tramo quedará a 80 metros por debajo de donde estamos ahora».

No hablaba de un puente, sino de un segmento de túnel sumergido, parte de una línea ferroviaria diseñada para conectar dos continentes en una sola pasada bajo el mar. Para ellos, no es más que el hito del martes. Para el resto, redibuja en silencio el mapa mental del mundo. Distancias que antes medías en vuelos y husos horarios se encogen a unas pocas horas en tren.

Ya tenemos indicios de ese futuro. El Túnel del Canal convirtió la separación entre el Reino Unido y Francia en una rutina de 35 minutos. El túnel de Marmaray bajo el Bósforo integró Europa y Asia en una única zona de cercanías. Estos proyectos parecían audaces cuando se inauguraron; hoy forman parte de la vida diaria, casi aburridos por su fiabilidad. El nuevo túnel de aguas profundas lleva esa idea mucho más lejos, atravesando roca más compacta, corrientes más duras y presiones mucho más aplastantes.

En una prueba reciente, se bajó un segmento de túnel a escala a una zanja y se monitorizó durante 48 horas. Los sensores vigilaron cada movimiento mínimo: cómo lo empujaba la corriente, si el lecho marino se asentaba bajo él, si aparecían microgrietas en las juntas. Los datos regresaron lo bastante limpios como para que un ingeniero senior, que llevaba 20 años esperando esto, por fin se permitiera una sonrisa. «Ya no estamos adivinando», dijo, dando unos golpecitos en la pantalla. «Sabemos cómo se comporta el fondo marino».

La lógica detrás de un proyecto tan descomunal suena casi mundana cuando la desnudas. Las aerolíneas van casi al límite en algunas rutas intercontinentales. Los puertos están congestionados. El tiempo atmosférico se vuelve más errático año tras año. Un enlace ferroviario enterrado en roca y limo empieza a parecer una columna vertebral estable y predecible, no un proyecto de vanidad. Desde el punto de vista de la ingeniería, es un entorno controlado: presión regulada, vía fija, trenes automatizados y redundancia en cada giro.

Lo nuevo es la escala y la profundidad. Los túneles sumergidos tradicionales se colocan en aguas relativamente someras y tranquilas, cerca de la costa. Este se adentra en territorio más profundo, más frío y más inestable. Eso significa revestimientos más gruesos, monitorización más inteligente y sistemas de evacuación diseñados hasta el último pasamanos. También significa meses de simulaciones en las que los ingenieros ejecutan catástrofes de peor caso en superordenadores y luego ajustan el diseño hasta casi aburrirse de lo poco dramáticos que se vuelven los modelos.

Cómo se construye una línea de tren bajo un océano

Si le quitas el halo de misterio, el método tiene una simplicidad implacable. Primero, barcos de prospección cruzan y descruzan la ruta futura, disparando ondas sonoras al lecho marino para construir un mapa 3D por el que casi podrías caminar con unas gafas de realidad virtual. Los geólogos señalan los puntos débiles, las fallas, las pendientes donde el sedimento podría deslizarse como harina mojada. Luego los planificadores trazan una ruta que se curva y se hunde lo justo para evitar problemas, como enhebrar una aguja a través de una pila de platos sin tocar ni uno.

Después, enormes segmentos del túnel se prefabrican en tierra: cada uno es una caja hueca de hormigón y acero tan larga como una manzana de ciudad. Una vez curados, se sellan, se hacen flotar como monstruosos submarinos grises y se hunden con cuidado en una zanja preparada en el fondo marino. Buzos y robots teledirigidos los guían hasta su posición. Los segmentos se unen, se bloquean y, después, el espacio a su alrededor se rellena con roca para mantenerlo todo firmemente anclado. Solo entonces entran los equipos para instalar vía, cableado y sistemas de seguridad.

Seamos sinceros: nadie hace esto realmente todos los días. Incluso ingenieros veteranos que trabajaron en el Túnel del Canal o en el túnel Seikan de Japón dicen que esto va un nivel más allá -literal y metafóricamente-. Un riesgo silencioso es la complacencia. La gente oye «túnel ferroviario» y piensa en un tubo oscuro con luces y algo de humedad en el enlucido. Aquí abajo, la presión, la corrosión y los gradientes de temperatura pueden convertir un atajo de diseño en un dolor de cabeza de miles de millones.

En una visita a obra, un responsable de seguridad me enseñó una lista de comprobación del tamaño de una novela. Cada soldadura queda registrada. Cada lote de tornillos es trazable. Los trabajadores fichan al entrar y salir de zonas de presión como pilotos presentando planes de vuelo. Admitió que el mayor error en proyectos así no suele ser un gran fallo de cálculo; es un pequeño descuido repetido cientos de veces. Por eso rotan los equipos, se limitan las horas de turno y hasta el soldador más experimentado trabaja con un segundo par de ojos revisando su labor.

Los ingenieros también hablan mucho del miedo del público, aunque no les guste admitirlo ante la cámara. Nadie quiere un túnel en el que la gente tenga demasiado miedo para entrar. Un diseñador senior lo dijo sin rodeos:

«El verdadero éxito no es que el túnel sobreviva al peor terremoto que podamos imaginar. Es que un padre o una madre con dos niños y una maleta se suba al tren y no piense en absoluto en el océano que tiene encima.»

Por eso se comunican en exceso, a veces hasta resultar doloroso. Demos animadas en los vestíbulos de las estaciones. Visitas en realidad virtual que muestran las rutas de evacuación. Simulacros públicos con los servicios de emergencia locales. Comparten más que el mínimo de datos, incluso cuando eso provoca preguntas difíciles.

  • Salidas de emergencia cada pocos cientos de metros, con galerías de conexión hacia un túnel de servicio paralelo.
  • Control automático de trenes capaz de detener un convoy en segundos si los sensores detectan humo o inundación.
  • Trenes de rescate dedicados en espera en ambos extremos durante las horas punta.
  • Líneas independientes de energía y ventilación, para que un fallo no deje a oscuras todo el trazado.

El lado humano de un sueño de acero

Sobre el papel, este túnel trata de capacidad de mercancías, descarbonización y redundancia de rutas. En el terreno, trata de los momentos silenciosos que no se ven en los folletos brillantes del proyecto. Un buzo que emerge a cubierta a las 3 de la mañana, con la cara marcada tras horas en agua fría, repasando mentalmente cada tornillo que comprobó. Una ingeniera joven llamando a sus padres desde una ciudad portuaria azotada por el viento para explicar por qué este año tampoco estará en casa por las fiestas. Todos hemos vivido ese momento en que el trabajo ocupa más espacio del previsto, pero aquí la balanza se inclina durante años, no durante semanas.

Algunos vecinos temen que el túnel convierta sus tranquilas localidades costeras en corredores de cercanías. Otros esperan que por fin traiga empleos estables que no desaparezcan cada temporada turística. La oficina del proyecto tiene una pared cubierta de notas adhesivas de las reuniones públicas: miedos sobre el ruido, subidas del alquiler, caladeros, migración. Nada de eso encaja bien en una hoja de cálculo de ingeniería, y sin embargo todo está ligado a esas líneas y números de los planos.

Luego está la manera en que este tipo de proyecto dobla el tiempo. Un túnel así sigue un calendario que ignora los ciclos electorales y la agenda de las noticias. Los niños que vean bajar el primer cajón al agua montarán en los primeros trenes siendo adolescentes. Algunos de los ingenieros que firmen los certificados finales de seguridad ni siquiera habían nacido cuando empezaron los estudios de viabilidad. Obliga a todos los implicados a pensar más allá de su propia carrera, incluso más allá de su propia vida.

Hay algo obstinadamente esperanzador en eso. No ingenuo, porque todos los involucrados saben cuánto puede salir mal entre el plano y la inspección final. Pero esperanzador como lo es un puente, o un programa de vacunación: una apuesta por que futuros desconocidos lo necesitarán y heredarán un mundo soldado un poco más firmemente que el que conocemos.

Punto clave Detalles Por qué le importa a los lectores
Tiempo de viaje previsto entre continentes Los trenes exprés previstos podrían cruzar el tramo submarino en menos de 40 minutos, con trayectos totales de centro a centro de 2–3 horas según la ruta. Da una idea real de cómo tu vuelo habitual más la espera en el aeropuerto podría sustituirse por un viaje directo y predecible.
Objetivos de precio de los billetes Los planificadores del proyecto están modelando tarifas para competir con los vuelos económicos, con descuentos en horas valle y abonos ferroviarios que agrupen conexiones regionales en cada extremo. Indica si esto se convierte en un privilegio para unos pocos o en una opción realista para estudiantes, familias y trabajadores habituales.
Huella ambiental Se espera que los trenes eléctricos, alimentados en gran parte por redes renovables, reduzcan las emisiones por pasajero un 60–80% frente a vuelos de corta y media distancia en el mismo corredor. Ayuda a los viajeros preocupados por el impacto climático a decidir si merece la pena cambiar el avión por un tren a través del túnel.
Diseño de seguridad y evacuación Túnel de servicio paralelo, galerías de conexión cada pocos cientos de metros, refugios estancos al humo y trenes de rescate dedicados que operan en sistemas separados. Hace concreta la idea abstracta de «estándares de seguridad», sobre todo para quien se ponga nervioso por estar a gran profundidad bajo el agua.

FAQ

  • ¿Los pasajeros sentirán la presión por estar tan profundo bajo el agua? El túnel es un entorno sellado y presurizado, así que no sentirás la presión externa del agua más que en un metro. Como mucho, podrías notar un leve cambio de presión en los oídos, parecido a conducir por un túnel de montaña.
  • ¿A qué velocidad irán realmente los trenes dentro del túnel? En el tramo de aguas profundas, la velocidad suele limitarse por debajo del máximo de los trenes de alta velocidad, a menudo en torno a 200–250 km/h, para equilibrar confort, seguridad y mantenimiento. En los tramos en superficie antes y después del túnel, los trenes pueden circular más rápido.
  • ¿Qué pasa si hay un corte de luz mientras el tren está bajo el océano? El diseño incluye múltiples alimentaciones eléctricas y sistemas de emergencia a bordo para que las funciones básicas sigan operativas aunque falle una fuente. En un apagón grave, los trenes aún pueden avanzar por inercia hasta el punto de evacuación más cercano, manteniéndose la iluminación y las comunicaciones.
  • ¿La mercancía usará el mismo túnel que los trenes de pasajeros? Sí. En la mayoría de planteamientos, mercancías y pasajeros comparten la infraestructura, pero circulan con horarios separados, a menudo por la noche para la carga. Esta combinación ayuda a financiar el proyecto, mientras que los sistemas de señalización mantienen separados de forma segura los trenes de mercancías, más lentos, y los de pasajeros, más rápidos.
  • ¿Cuándo podrían los viajeros corrientes usar esta línea de forma realista? Los megaproyectos en aguas profundas suelen necesitar al menos 15–20 años desde la planificación seria hasta el primer servicio comercial. Aunque la construcción ya esté en marcha, la fecha de apertura probablemente quedará muy más allá del ciclo informativo actual.

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