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La UE considera la cafeína potencialmente dañina si se consume; ¿qué implica esto para tu café diario?

Persona sosteniendo una taza de café humeante en una mesa con una lata, libreta, y pastillero.

La Unión Europea ha trasladado discretamente la cafeína a una categoría más preocupante de sustancias químicas, lo que plantea nuevas preguntas sobre lo seguro que es realmente nuestro consumo diario y sobre qué podría ocurrir a continuación con el café, el té y las bebidas energéticas en toda la UE.

Por qué la UE está tratando ahora la cafeína como «nociva en caso de ingestión»

El cambio procede de la legislación europea sobre sustancias químicas. La cafeína ha sido reclasificada como «nociva para la salud en caso de ingestión» cuando se utiliza en determinados productos de alta dosis, especialmente en entornos industriales o agrícolas. Al mismo tiempo, se ha prohibido su uso como pesticida.

Este giro se apoya en gran medida en trabajos científicos de la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA). La agencia revisó una amplia gama de datos sobre cómo afecta la cafeína al organismo, sobre todo a niveles más altos que los de un latte o una taza de té.

La cafeína no se está tratando como un veneno prohibido, pero ahora se considera oficialmente capaz de perjudicar la salud por encima de determinados niveles de ingesta.

Los dictámenes científicos de la EFSA destacan varias áreas de preocupación cuando se consume demasiada cafeína en poco tiempo:

  • Efectos cardiovasculares como aumento de la frecuencia cardiaca y de la presión arterial
  • Alteración de la regulación de la temperatura corporal
  • Cambios en el equilibrio de líquidos y la hidratación
  • Trastornos del sueño y patrones de sueño fragmentados
  • Ansiedad, inquietud y cambios de conducta

Los niños, los adolescentes y las mujeres embarazadas parecen más vulnerables. En el embarazo, la EFSA ha señalado una posible relación entre una ingesta elevada de cafeína y un menor peso al nacer, un indicador asociado a mayores riesgos para la salud en las primeras etapas de la vida.

Qué cubre realmente esta clasificación (y qué no)

La expresión «nociva en caso de ingestión» suena dramática, lo que explica que la decisión haya generado titulares y comentarios encendidos en redes sociales. Sin embargo, el alcance legal se dirige principalmente a productos con dosis concentradas, como ciertos pesticidas, preparados industriales y algunos suplementos ultraconcentrados vendidos en polvo o cápsulas.

Las fuentes dietéticas habituales -café, té, cola, chocolate y bebidas energéticas convencionales- no están prohibidas, ni van a desaparecer de las estanterías de los supermercados por esta etiqueta, por sí sola.

Por ahora, el nuevo estatus funciona más como una bandera de advertencia ante exposiciones de alta dosis que como un ataque directo a tu capuchino matutino.

Aun así, cuando una sustancia entra en categorías de peligro más estrictas dentro de las normas químicas de la UE, los reguladores suelen revisar cómo se utiliza en alimentos y productos de consumo. Ahí empieza el nerviosismo para cadenas de café, marcas de bebidas energéticas e incluso fabricantes de refrescos que explotan la imagen estimulante de la cafeína.

¿Podrían afectar pronto normas más estrictas al café y a las bebidas energéticas?

Europa está entre las regiones del mundo que más café consumen, con países como Finlandia, Suecia y Alemania encabezando las tablas de consumo global. Cualquier movimiento que parezca cuestionar la seguridad de la cafeína se politiza rápidamente.

Las bebidas energéticas ya se mueven en una zona gris. Deben mostrar una advertencia clara sobre su alto contenido en cafeína y a menudo se comercializan con imaginería deportiva o de videojuegos que atrae a los más jóvenes. Varios países de la UE han debatido límites de edad o restricciones de venta en escuelas y recintos deportivos.

Los expertos en salud pública ven la nueva clasificación como un argumento para endurecer aún más esas normas. Señalan la tendencia a mezclar bebidas energéticas con alcohol o a combinar varios productos con cafeína en poco tiempo, lo que puede elevar la ingesta por encima de niveles considerados seguros para adolescentes.

A los reguladores les preocupa menos un solo espresso que un adolescente encadenando bebidas energéticas, café y gominolas con cafeína durante una noche larga.

En cambio, el ritual tradicional del café parece relativamente seguro en la mayoría de estudios cuando la ingesta se mantiene en un rango moderado. Grandes estudios observacionales sugieren que los consumidores habituales de café pueden tener un riesgo ligeramente menor de enfermedad de Parkinson y diabetes tipo 2, y algunos datos apuntan a beneficios modestos para la salud hepática.

Aun así, crece la resistencia política. Los críticos, incluidos algunos legisladores escandinavos y de Europa central, acusan a Bruselas de una deriva intervencionista. Recuerdan debates anteriores en la UE sobre la cumarina, un compuesto natural de la canela, que casi desencadena límites estrictos en repostería tradicional antes de alcanzarse un compromiso.

¿Cuánta cafeína se considera «demasiada»?

El debate científico rara vez encaja con los titulares virales. El umbral de la EFSA para un adulto sano es relativamente generoso: hasta 400 miligramos de cafeína al día, y no más de 200 miligramos en una sola toma, se consideran poco probables de causar problemas de salud en la mayoría de adultos.

Bebida Cafeína típica por ración
Espresso (30 ml) 60–80 mg
Café filtrado (250 ml) 80–120 mg
Té negro (250 ml) 40–60 mg
Bebida energética estándar (250 ml) 80 mg
Cola (330 ml) 30–40 mg

Con esas cifras, muchos adultos pueden tomar tres o cuatro cafés al día sin rebasar la guía, siempre que eviten las bebidas energéticas más potentes y las pastillas de cafeína. El riesgo aumenta cuando se combinan:

  • Cafés grandes de cadenas con dosis más altas por vaso
  • Varias bebidas energéticas en un periodo corto
  • Suplementos preentreno o adelgazantes cargados de cafeína

A las mujeres embarazadas se les suele recomendar limitar la ingesta a 200 miligramos al día. En niños y adolescentes, la EFSA sugiere un umbral mucho más bajo, alrededor de 3 miligramos por kilogramo de peso corporal, que algunas bebidas energéticas superan con facilidad si se consumen en latas en lugar de raciones pequeñas.

Cafeína frente a alcohol y azúcar: una comparación controvertida

La decisión de la UE ha reabierto un viejo debate: ¿están los reguladores tratando la cafeína con más dureza que amenazas realmente mayores como el alcohol y el azúcar refinado? Investigadores de salud pública subrayan que, a nivel poblacional, la enfermedad relacionada con el alcohol y la obesidad impulsada por el azúcar superan con creces el daño atribuible a la cafeína.

El alcohol alimenta enfermedades hepáticas, cánceres y accidentes. El exceso de azúcar impulsa la diabetes tipo 2 y la cardiopatía mediante el aumento de peso y la alteración metabólica. Ambos problemas ya presionan con fuerza a los sistemas sanitarios de toda Europa.

En comparación, el perfil de riesgo de la cafeína parece modesto, y aun así ahora lleva una etiqueta química más estricta que el azúcar de mesa en la legislación de la UE.

Los reguladores responden que las clasificaciones de peligrosidad siguen criterios químicos, no jerarquías políticas del daño social. Una sustancia puede ser muy común y apreciada, y aun así calificarse como peligrosa en forma concentrada. Esa es la lógica detrás del nuevo enfoque sobre la cafeína.

¿Quién debería replantearse su ingesta de cafeína?

Para muchos adultos sanos, la cafeína actúa principalmente como un potenciador inocuo del rendimiento: agudiza la alerta, mejora los tiempos de reacción y hace más llevaderas las reuniones tempranas. Pero varios grupos se enfrentan a riesgos distintos.

  • Mujeres embarazadas: Ingestas más altas parecen asociarse a menor peso al nacer y posiblemente a riesgo de aborto, por lo que matronas y profesionales suelen recomendar reducir.
  • Personas con problemas cardiacos: Palpitaciones, arritmias o tensión arterial inestable pueden empeorar tras dosis fuertes.
  • Personas ansiosas o con falta de sueño: La cafeína puede agravar el insomnio y amplificar el nerviosismo, especialmente más tarde en el día.
  • Niños y adolescentes: Su menor tamaño corporal y cerebros en desarrollo los hacen más sensibles a temblores e interrupciones del sueño.

Para estos grupos, la reclasificación de la UE podría traducirse en advertencias más claras en el etiquetado y en recomendaciones más firmes por parte de médicos y farmacéuticos, especialmente respecto a suplementos y productos con mucha cafeína vendidos por internet.

Qué podría significar esto para el etiquetado, el marketing y los hábitos cotidianos

A corto plazo, los compradores no verán cambios drásticos, pero es probable que haya repercusiones regulatorias. El nuevo estatus de peligrosidad podría impulsar:

  • Etiquetado más estricto en suplementos y productos con alta cafeína
  • Nuevos debates sobre límites de edad para la venta de bebidas energéticas
  • Presión sobre las marcas para reducir el tamaño de las raciones o la cafeína total por envase
  • Información más precisa sobre dosis de cafeína en los menús de cafeterías

Algunas empresas podrían optar por reformular, añadiendo menos cafeína pero manteniendo la misma marca. Otras podrían orientar su marketing hacia una «energía equilibrada» o mezclar más ingredientes sin cafeína, como electrolitos y vitaminas del grupo B, para suavizar la imagen de estimulación pura.

La batalla política probablemente se centrará menos en prohibir la cafeína y más en lo visibles que sean las advertencias de riesgo para los grupos vulnerables.

Para las personas, el paso más práctico sigue siendo sencillo: calcular a grandes rasgos la ingesta diaria y observar cómo reacciona el cuerpo. Un «umbral de tolerancia» personal suele hacerse evidente cuando se registran los horarios de problemas de sueño, bajones de tarde o episodios de ansiedad tras café fuerte o bebidas energéticas.

Ejemplos prácticos: sumar la cafeína de un día típico

Tomemos un escenario común. Una persona de treinta y tantos toma un café grande a las 8:00 (unos 200 miligramos), una lata de bebida energética a mediodía (80 miligramos) y una taza fuerte de té a las 16:00 (50 miligramos). El total diario se mantiene dentro de la guía de 400 miligramos de la EFSA, pero el té de última hora de la tarde aún podría interferir con el sueño profundo si esa persona es sensible.

Ahora pensemos en un adolescente de 50 kilos. Dos bebidas energéticas durante una sesión de videojuegos podrían aportar fácilmente 160 miligramos de cafeína. Eso supera el límite aproximado de 150 miligramos sugerido por 3 miligramos por kilogramo. En el nuevo clima de la UE, ese patrón podría convertirse en un objetivo clave de campañas de concienciación.

La cafeína también interactúa con decisiones de estilo de vida. Combinada con alcohol, puede enmascarar la sensación de embriaguez, favoreciendo noches más largas y un mayor consumo de alcohol. Con ejercicio intenso, dosis altas pueden estresar el corazón más de lo esperado, especialmente en quienes tienen afecciones no diagnosticadas.

En el lado positivo, una reducción gradual de la cafeína puede aportar beneficios concretos: sueño más estable, menos bajones por la tarde, menor dependencia del azúcar para mantenerse despierto y, para algunas personas, una base de ansiedad más baja. Muchos descubren que cambiar la última bebida del día por descafeinado o una infusión ya modifica lo descansados que se sienten a la mañana siguiente.

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