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Pocos lo saben, pero Francia supera al Reino Unido desde hace 305 años con el servicio hidrográfico más antiguo del mundo.

Persona usando mapas y una tableta junto a un dron en un muelle, con barco en el agua al fondo.

Lejos de los focos, una discreta institución francesa lleva siglos cartografiando el mundo invisible bajo las olas.

Mientras los cazas y los submarinos acaparan titulares, otro actor moldea en silencio el poder marítimo de Francia: una oficina con 305 años de historia que convierte el océano en bruto en datos sólidos.

El servicio hidrográfico más antiguo del que nunca has oído hablar

Oculto en la burocracia del Ministerio de las Fuerzas Armadas se encuentra el SHOM, el Servicio Hidrográfico y Oceanográfico de la Marina francesa. Creado en 1720, se adelantó 75 años a la UK Hydrographic Office británica y aún conserva el récord de ser el servicio hidrográfico estatal en funcionamiento continuo más antiguo del mundo.

La misión del SHOM suena técnica, casi aburrida, pero sostiene prácticamente todo lo que se mueve sobre o bajo el mar en torno a Francia. El país controla más de 11 millones de kilómetros cuadrados de zona económica exclusiva (ZEE), gracias a territorios de ultramar repartidos del Caribe al Pacífico. Solo Estados Unidos administra un espacio marítimo mayor.

Sin datos hidrográficos no hay puertos seguros, ni rutas marítimas fiables, ni operaciones navales creíbles: solo conjeturas sobre el agua.

En ese dominio inmenso, el SHOM hace tres cosas principales. Cartografía el fondo marino para que los buques eviten rocas y bancos de arena no señalizados. Proporciona datos de alta precisión a la Marina francesa y a sus sistemas de armas. También informa a las autoridades civiles sobre riesgos costeros, erosión, inundaciones y el impacto a largo plazo del calentamiento del océano.

De las planchas de cobre a las flotas robóticas

En el siglo XVIII, los hidrógrafos franceses grababan líneas de costa en planchas de cobre y pasaban meses en el mar midiendo profundidades con cuerdas lastradas. Hoy, los equipos del SHOM despliegan drones autónomos equipados con sonares multihaz, software de inteligencia artificial y sistemas de navegación de alta gama.

Cuando los drones toman el relevo en el fondo marino

El último paso de esta larga historia llega con una nueva oleada de hardware robótico. El SHOM acaba de adquirir nuevos drones marinos de los grupos franceses Exail y RTSys para aumentar su capacidad tanto en aguas someras como profundas.

El primer sistema, el DriX H‑9 de Exail, es un dron autónomo de superficie que parece una elegante miniembarcación con un casco largo y estrecho. Puede operar por su cuenta durante muchas horas o trabajar junto a un buque hidrográfico tradicional. Mientras el barco principal se ocupa de tareas complejas, el DriX barre grandes áreas, recoge datos batimétricos y perfecciona las cartas existentes.

Su valor reside en la repetición y la resistencia. Puede cruzar la misma zona varias veces, de día o de noche, con mar agitada o en calma, sin exponer a las tripulaciones al cansancio o al riesgo. Consume mucho menos combustible que un buque de tamaño completo y lleva sensores avanzados que capturan la forma del fondo marino con un nivel de detalle muy fino.

El segundo recién llegado, NemoSens de RTSys, opera bajo la superficie. Este microvehículo submarino autónomo está diseñado para plataformas continentales y aguas costeras, donde los barcos grandes tienen dificultades para maniobrar y los levantamientos tradicionales se vuelven lentos y caros.

NemoSens puede realizar misiones cerca del fondo marino, medir corrientes, temperatura y salinidad, e inspeccionar zonas delicadas como accesos a puertos, canales o áreas ambientalmente protegidas.

  • DriX H‑9: dron de superficie para cartografiar el fondo marino en grandes áreas y con alta resolución
  • NemoSens: dron submarino compacto para zonas costeras someras y complejas
  • Tripulación humana: sigue siendo esencial para la planificación, la supervisión y las operaciones sensibles

Estos drones están desplazando la hidrografía de campañas raras y costosas hacia una vigilancia continua y de alta densidad del entorno marítimo.

Un conjunto robótico en expansión

El DriX H‑9 y el NemoSens no llegan en el vacío. El SHOM ya opera otro modelo DriX, el H‑8 apodado «Marlin», entregado a finales de 2025. A principios de 2026 se sumará un peso pesado: un vehículo submarino autónomo Hugin Superior del noruego Kongsberg Discovery, capaz de descender hasta 6.000 metros.

Con esa incorporación, el SHOM cubrirá casi todo el perfil vertical del océano, desde las aguas costeras someras hasta las llanuras abisales. Podrá cartografiar cañones submarinos, vigilar corredores de cables y estudiar taludes propensos a deslizamientos que pueden desencadenar tsunamis.

Plataforma Tipo Rango de profundidad típico Uso principal
DriX H‑9 Dron autónomo de superficie Somero a medio Batimetría de gran área, reconocimientos de ruta
NemoSens Micro-AUV Costa / plataforma Cartografía costera de detalle, zonas sensibles
DriX H‑8 «Marlin» Dron autónomo de superficie Somero a medio Apoyo a buques hidrográficos
Hugin Superior AUV de gran profundidad Hasta 6.000 m Cartografía oceánica profunda, zonas de cables y recursos

Este cambio no se limita a las plataformas. El SHOM invierte mucho en cadenas de procesado capaces de gestionar el tsunami de datos que producen estas máquinas. La inteligencia artificial filtra el ruido, señala anomalías y ayuda a identificar patrones en el fondo marino. Los flujos de trabajo automatizados generan cartas actualizadas con mayor rapidez y modelizan cómo podrían desplazarse las líneas de costa o los bancos de arena en los próximos años.

Tres siglos de continuidad, del imperio al riesgo climático

El SHOM hunde sus raíces en el «Dépôt des cartes et plans de la Marine», creado en 1720 para proporcionar a la Corona francesa mejores cartas para la guerra y el comercio. Aquel organismo apoyó posteriormente expediciones, rutas coloniales y batallas navales. En 1886 se convirtió en el Servicio Hidrográfico oficial de la Marina, y en 1971 integró la oceanografía cuando la ciencia pasó de la pura navegación a comprender la física del mar.

Desde 2007, el SHOM funciona como un establecimiento público administrativo, aún bajo el paraguas de la defensa pero con una base de usuarios más amplia: navieras mercantes, energía offshore, aseguradoras, planificadores costeros y científicos dependen de sus conjuntos de datos.

De las fragatas de madera a los submarinos nucleares, cada era del poder marítimo francés se ha apoyado en la misma columna vertebral: datos marinos precisos y soberanos.

La comparación histórica importa para el Reino Unido y otras naciones marítimas. La UK Hydrographic Office británica, la NOAA Office of Coast Survey de Estados Unidos y organismos similares en Japón o España crecieron en torno a la misma idea: conocer el mar, o arriesgar barcos, comercio y ventaja estratégica.

Francia, al mantener ininterrumpida su cadena hidrográfica desde principios del siglo XVIII, muestra cómo agencias técnicas pueden anclar silenciosamente la estrategia nacional a través de periodos políticos radicalmente distintos: de la monarquía a la república, del imperio a un Estado miembro de la Unión Europea.

Los datos del mar como herramienta de poder

Cables, recursos y fondos marinos disputados

El momento de la modernización del SHOM no es casual. Los cables submarinos transportan hoy la mayor parte del tráfico de internet del planeta. Los parques eólicos marinos se expanden con rapidez. Los proyectos de minería en aguas profundas, aunque polémicos, despiertan interés. Las pesquerías se desplazan a medida que se calientan las aguas y cambian las especies.

En muchos de estos ámbitos, el país que posee los mejores mapas y modelos obtiene una ventaja notable. El conocimiento preciso del fondo marino ayuda a colocar cables con seguridad, evaluar amenazas submarinas, elegir emplazamientos de parques eólicos y negociar fronteras marítimas con países vecinos.

Francia ya alberga aproximadamente un tercio de la flota mundial de buques cableros, un nicho pequeño pero estratégico. La batimetría detallada y los patrones de corrientes reducen el riesgo de roturas, que pueden costar millones y alterar los flujos digitales entre continentes.

Para las fuerzas armadas, el detalle batimétrico determina rutas de submarinos, tácticas de guerra antisubmarina y el sigilo de las patrullas de disuasión nuclear. Para las agencias de protección civil, el conocimiento de la morfología costera sustenta mapas de inundación, planes de evacuación y estrategias de adaptación climática.

De las cartas nacionales a la cooperación global

Los servicios hidrográficos no operan aislados. El SHOM, como la UKHO o la NOAA, comparte datos en marcos internacionales y contribuye a estándares globales de cartografía. Esa cooperación permite que los mercantes naveguen de Singapur a Marsella usando cartas electrónicas armonizadas y simbología común.

Sin embargo, no todos los datos circulan libremente. Los conjuntos de datos de alta resolución de zonas sensibles suelen permanecer clasificados o restringidos. Los Estados caminan sobre una cuerda floja entre colaborar por la seguridad y competir por la influencia.

La estrategia francesa se apoya en el doble uso: el mismo levantamiento que mejora una aproximación portuaria para portacontenedores también puede afinar datos de apuntamiento para misiles antibuque o desembarcos anfibios. Esa combinación de valor civil y militar convierte a la hidrografía en mucho más que un hobby científico.

Qué significa esto para las comunidades costeras y la lucha climática

Para quienes viven en las costas de Bretaña, Nueva Caledonia o Reunión, el trabajo del SHOM puede parecer lejano, pero sus modelos alimentan herramientas muy prácticas. Los mapas de peligrosidad por inundación, los escenarios de tsunami y las previsiones de erosión suelen partir de los datos brutos recogidos por los hidrógrafos y sus drones.

A medida que sube el nivel del mar, pequeños cambios en la forma local del fondo pueden amplificar las marejadas o desplazar el punto donde rompen las olas. La batimetría de alta resolución combinada con datos de marea y oleaje ofrece a los ingenieros una visión más clara de dónde reforzar diques, dónde retirarse y dónde soluciones basadas en la naturaleza -como la restauración de humedales- pueden absorber energía del mar.

Los puertos y los proyectos offshore también dependen de esta información para planificar inversiones. Un fondo marino mal conocido puede traducirse en costes de dragado mal calculados o en restricciones imprevistas para turbinas y plataformas. Unos mejores datos reducen esas incertidumbres, limitan retrasos y recortan el riesgo financiero.

Para estudiantes o profesionales con curiosidad por el sector, la hidrografía se sitúa hoy en la intersección de la geodesia, la robótica, la ciencia de datos y las operaciones navales. Las campañas modernas combinan posicionamiento por satélite, navegación inercial, ingeniería de sonar y aprendizaje automático. Muchas armadas, incluida la Royal Navy y la US Navy, ya tratan la guerra del fondo marino y la protección de infraestructuras submarinas como ámbitos emergentes.

Los debates futuros quizá se centren menos en quién posee el agua y más en quién controla la información que describe lo que hay bajo ella. En esa contienda silenciosa, un servicio francés de 305 años, armado con drones y algoritmos, no tiene intención de abandonar el escenario.

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