A lo largo de la Costa del Golfo, una década de frenética construcción choca ahora con un mundo que sigue hambriento de gas, pese a los compromisos climáticos y a las instalaciones récord de energías renovables.
Estados Unidos cruza en silencio la marca de los 100 millones de toneladas
Estados Unidos se ha convertido en el primer país de la historia en exportar más de 100 millones de toneladas de gas natural licuado (GNL) en un solo año. Traducido a términos de gasoducto, eso equivale a unos 150.000 millones de metros cúbicos de gas, más que el consumo anual de Europa, de aproximadamente 100 bcm.
EE. UU. ya envía en un año más GNL del que utiliza toda la Unión Europea, convirtiendo los muelles de exportación en un nuevo centro de poder energético global.
El hito culmina un ascenso vertiginoso. En 2016, EE. UU. prácticamente no exportaba GNL. Nueve años después, se sitúa en lo más alto del ranking mundial, por delante de Qatar y Australia, tras una carrera de construcción que ha transformado somnolientas localidades costeras en zonas industriales 24/7.
Este crecimiento no refleja una transición suave y planificada. Se parece más a una carrera: enormes trenes de licuefacción, kilómetros de tuberías, alineaciones de compresores y tanques de almacenamiento como un bosque industrial, todo ello llevado a altas tasas de utilización en cuanto entra en funcionamiento.
Cómo el GNL convirtió el gas de esquisto de EE. UU. en un arma global
A menudo el GNL se describe en términos sencillos. Si se enfría el gas natural hasta unos −162 °C, se convierte en líquido, su volumen se reduce por un factor de 600 y puede cruzar océanos en buques metaneros especializados. La realidad se parece más a un complejo químico gigantesco que a un gran congelador.
EE. UU. aportó dos ventajas decisivas a este juego: abundante gas de esquisto y un enfoque agresivamente comercial de los contratos.
- Los yacimientos de esquisto en Texas, Luisiana, Pensilvania y otros lugares aportan un suministro masivo y flexible.
- La mayor parte del GNL estadounidense se vende “franco a bordo” (FOB), lo que significa que los compradores adquieren la propiedad en la terminal de exportación y organizan su propio transporte marítimo.
- Este modelo permite que las cargas se desplacen rápidamente al mercado más “caliente”, ya sea Europa, Asia o América Latina.
Como los compradores pueden redirigir los buques en respuesta a picos de precios, las terminales estadounidenses rara vez permanecen paradas. Una vez que una planta arranca, los operadores presionan para mantener una alta utilización, con el fin de repartir costes fijos y capturar cada carga rentable.
Los contratos FOB han convertido el GNL estadounidense en una especie de mercado spot marítimo, donde la flexibilidad llega a ser tan valiosa como el propio gas.
Plaquemines: el megaterminal que cambió la escala
Plaquemines pasa de recién llegado a peso pesado
Un nombre simboliza la nueva escala de las ambiciones de EE. UU.: Plaquemines LNG, en Luisiana, operado por Venture Global. Su primera carga salió en diciembre de 2024. A finales de 2025, el emplazamiento ya había enviado unas 16,4 millones de toneladas de GNL, convirtiéndose en la segunda mayor instalación exportadora del país en cuestión de meses.
Este despegue refleja un manual de juego claro: construir grande, poner en marcha rápido y, después, alimentar la planta tan fuerte como lo permitan la red y los gasoductos.
Actores veteranos como Cheniere Energy han seguido la misma lógica, exprimiendo más capacidad en Sabine Pass y Corpus Christi, al tiempo que añaden trenes modulares de licuefacción que se encajan en infraestructuras existentes con menos retrasos.
La próxima ola: Golden Pass y el crecimiento modular
El récord actual no marca un techo. Varios proyectos que ya tienen financiación y permisos asegurados se alinean tras Plaquemines:
| Proyecto | Ubicación | Capacidad añadida aproximada | Calendario |
|---|---|---|---|
| Plaquemines (rampa completa) | Luisiana | Hasta ~20 Mt/año | Hasta 2026 |
| Golden Pass LNG | Texas | ~18–20 Mt/año | Primer tren previsto en 2026 |
| Ampliaciones de Cheniere | Texas y Luisiana | Varios Mt/año (modular) | Mediados de la década de 2020 |
Los analistas ya hablan de otros 20 millones de toneladas anuales de GNL estadounidense llegando al mar a corto plazo, equivalente a llenar de golpe varias grandes terminales de importación europeas.
La nueva adicción de Europa al GNL estadounidense
De los gasoductos rusos a los metaneros estadounidenses
Por el lado de la demanda, Europa se ha convertido en el cliente estrella. Solo en diciembre de 2025, alrededor de 9 millones de toneladas de GNL estadounidense cruzaron el Atlántico, mientras los países se apresuraban a asegurar suministro invernal y a rellenar almacenamientos tras recortar las importaciones por gasoducto desde Rusia.
En todo el continente, el GNL ha pasado de ser un combustible de respaldo a convertirse en un pilar central del suministro de gas. Varios países dependen ahora de él para un tercio hasta más de la mitad de sus necesidades de gas.
Algunas cifras europeas de GNL
| País | Importaciones de GNL (Mt/año) | Equivalente en gas (bcm/año) | Cuota del GNL en el suministro de gas |
|---|---|---|---|
| Francia | ~26 | ~36 | ~45% |
| España | ~23 | ~32 | ~60% |
| Italia | ~11 | ~15 | ~30% |
| Países Bajos | ~13 | ~18 | ~40% |
| Bélgica | ~11 | ~15 | ~50% |
| Reino Unido | ~18 | ~25 | ~35% |
| Portugal | ~7 | ~10 | ~85% |
| Polonia | ~6 | ~8 | ~40% |
| Grecia | ~5 | ~7 | ~45% |
Varios de estos países no solo importan para su propio uso. Reexportan gas por gasoducto a los vecinos, convirtiendo las terminales costeras en nodos regionales. Bélgica, Países Bajos y Francia, por ejemplo, empujan moléculas de GNL estadounidense hacia Alemania, Europa Central e incluso más al este.
Turquía y el arte del equilibrio energético
Turquía ilustra lo complejo que se ha vuelto este nuevo panorama del gas. En un solo mes compró alrededor de 1,45 millones de toneladas de GNL estadounidense, mientras continuaban los flujos por gasoducto desde Rusia. Parte de ese gas puede acabar apoyando indirectamente la demanda europea, incluso mientras Ankara mantiene estrechos vínculos con Moscú.
Este tipo de malabarismo energético muestra cómo el GNL conecta ahora oferta y demanda como una red global. Las cargas se mueven en respuesta a señales de precios, previsiones meteorológicas y geopolítica, a veces cambiando de destino a mitad de travesía.
Asia se repliega, por ahora
Mientras Europa absorbía cargamentos estadounidenses a finales de 2025, los compradores asiáticos aflojaron. Las compras de la región bajaron a alrededor de 1,23 millones de toneladas en diciembre, frente a 1,75 millones en noviembre.
Varios factores influyeron: temperaturas invernales más suaves en partes del norte de Asia, precios spot relativamente altos y una mayor producción nuclear y renovable en países como Japón y Corea del Sur.
Esa pausa puede no durar. El rápido crecimiento económico en mercados asiáticos emergentes, desde India hasta el Sudeste Asiático, apunta a un aumento estructural de la demanda de gas. Si los precios caen o llegan olas de calor, los metaneros podrían girar rápidamente de nuevo hacia rutas del Pacífico, compitiendo otra vez con los compradores europeos.
Fiabilidad, volumen y la nueva geopolítica del gas
La promesa de EE. UU.: entregamos, pase lo que pase
La historia de éxito de EE. UU. se apoya en una promesa simple a los compradores: los cargamentos seguirán saliendo de los muelles. Salvo paradas por tormentas o accidentes, las plantas estadounidenses han demostrado una fiabilidad notable, incluso bajo condiciones operativas extremas.
Para muchos gobiernos, el GNL estadounidense se ha convertido en una forma de seguro energético: a veces más caro que el gas por gasoducto a largo plazo, pero mucho más flexible cuando estallan las crisis.
Esta percepción moldea decisiones de inversión. Las eléctricas europeas firman acuerdos plurianuales de compra (offtake). Importadores asiáticos aseguran opciones sobre volúmenes futuros. Los financiadores respaldan nuevos proyectos en EE. UU. porque ven demanda estable y operaciones creíbles.
El GNL como herramienta de influencia
Con aproximadamente una cuarta parte de las exportaciones mundiales de GNL saliendo hoy de costas estadounidenses, Washington ha ganado una palanca poderosa. Cuando funcionarios de EE. UU. hablan de “seguridad energética” para aliados, esas palabras descansan sobre activos concretos: terminales, gasoductos, cavernas de almacenamiento y una flota de metaneros contratados por compradores privados pero que se mueven bajo un paraguas regulatorio estadounidense.
El auge del GNL estadounidense también reconfigura la competencia. Qatar y Australia ya no dominan sin contestación el comercio marítimo de gas. Nuevos proveedores en África y América Latina deben posicionarse frente a un gigante flexible, impulsado por el mercado, capaz de redirigir flujos casi en tiempo real.
La velocidad y la capacidad industrial importan ahora tanto como la suerte geológica. Los países con reservas de gas pero con permisos o financiación lentos pueden ver estrecharse su ventana a medida que las plantas estadounidenses cierran contratos a largo plazo e inundan el mercado durante picos de demanda.
Tensión climática: auge del GNL en un mundo que se descarboniza
Este año récord de exportaciones choca con otra historia: gobiernos prometiendo recortes pronunciados de emisiones de gases de efecto invernadero. El gas quema más limpio que el carbón, pero las emisiones del ciclo de vida completo del GNL -desde fugas de metano hasta el uso de energía en la licuefacción y el transporte marítimo- siguen siendo significativas.
Varias preguntas presionan ahora a responsables políticos e inversores:
- ¿Se convertirán los nuevos proyectos de GNL en activos varados si la demanda cae bruscamente después de la década de 2030?
- ¿Pueden los operadores reducir las fugas de metano y alimentar la licuefacción con electricidad de menor huella de carbono?
- ¿Cómo afectarán el aumento de los precios del carbono o los mecanismos de ajuste en frontera al comercio marítimo de gas?
Algunas terminales estadounidenses prueban la captura de carbono in situ o planean alimentar compresores con energía renovable. Otras se apoyan en esquemas de compensación o argumentan que su gas desplaza combustibles más contaminantes como el carbón y el fuelóleo pesado. El equilibrio entre estas narrativas y los datos duros de emisiones influirá en futuras aprobaciones, especialmente en Europa.
Lo que este cambio significa para hogares e inversores
Para los consumidores, el auge del GNL estadounidense tiene un efecto mixto. Durante las crisis, cargas adicionales pueden poner techo a los precios mayoristas y evitar picos extremos en las facturas de calefacción. Sin embargo, la globalización del suministro de gas también expone a los hogares a choques lejanos, desde olas de calor en Asia hasta averías en terminales distantes.
Los inversores, por su parte, ven dos tendencias paralelas. Por un lado, el GNL ofrece flujo de caja, contratos a largo plazo y exposición a preocupaciones de seguridad energética que impulsan el apoyo político. Por otro, esos mismos activos afrontan riesgo de transición a medida que avanza la electrificación y las medidas de eficiencia reducen la demanda de gas.
Una forma de calibrar este equilibrio es ejecutar escenarios sencillos. Si la demanda global de gas alcanza su máximo antes de 2035, es probable que sobrevivan las terminales con operaciones flexibles, de bajo coste y acceso a gas de alimentación barato. Los proyectos caros e inflexibles podrían tener dificultades para recuperar el capital, especialmente si se endurecen las regulaciones de carbono.
Que EE. UU. haya superado el umbral de los 100 millones de toneladas no zanja estas cuestiones. Muestra, en cambio, lo rápido que la capacidad industrial puede desplazar el centro de gravedad de la energía global, incluso mientras el mundo lidia con la siguiente fase de la lucha climática.
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